Mientras la economía del turismo regional procura salidas prácticas y hasta sustentables, un equipo del Instituto Max Planck de Química publicó en noviembre de 2025 el hallazgo que desmonta años de explicaciones: el sargazo no crece porque los ríos contaminan el Atlántico
SANTO DOMINGO. – Durante años, la explicación más difundida sobre por qué el sargazo explota en volumen desde 2011 señalaba hacia tierra firme: fertilizantes agrícolas arrastrados por los ríos, deforestación amazónica y aguas residuales mal tratadas que desembocan en el Atlántico.
Era una narrativa conveniente y cómodo porque, al menos en teoría, dejaba abierta la posibilidad de causas y una solución humana, pero en noviembre de 2025, esa narrativa quedó incompleta.
Un equipo internacional liderado por el Instituto Max Planck de Química publicó en la revista Nature Geoscience de noviembre 2025 un hallazgo que reorienta la comprensión del fenómeno: el mecanismo principal que alimenta las floraciones masivas de sargazo no está en tierra, sino en el fondo del océano.
El organismo está en Maguncia (Mainz), Alemania y es parte de la Sociedad Max Planck, una de las organizaciones de investigación científica más prestigiosas del mundo, con sede central en Múnich.
Los investigadores, usando núcleos de perforación extraídos de corales del Caribe, que funcionan como archivos químicos del océano, similares a los anillos de un árbol, reconstruyeron 120 años de fijación de nitrógeno en el Atlántico y lo que encontraron explicó el por qué el Gran Cinturón Atlántico de Sargazo se disparó exactamente en 2011 y ha seguido creciendo desde entonces, según se publicó en Nature Geoscience.
El mecanismo opera así: los vientos ecuatoriales empujan hacia la superficie aguas profundas ricas en fósforo. Ese fósforo activa cianobacterias fijadoras de nitrógeno que viven en simbiosis sobre la superficie del sargazo. Las bacterias convierten el nitrógeno atmosférico en una forma que el alga puede absorber directamente y el resultado es una sociedad perfecta: el sargazo provee flotabilidad y superficie; las bacterias proveen nutrientes y juntos, prosperan en una zona oceánica que de otro modo sería pobre en nitrógeno.
Jonathan Jung, estudiante doctoral del Instituto Max Planck y autor principal del estudio, lo constató al comparar los datos de crecimiento del alga con los registros de fijación de nitrógeno en los corales: las dos curvas coincidían de forma exacta, incluyendo los picos de 2015 y 2018, años de récords anteriores de floración.
Alfredo Martínez-García, investigador principal del equipo, fue directo en las implicaciones: el futuro del sargazo en el Atlántico tropical dependerá de cómo el calentamiento global afecte los procesos que controlan el suministro de fósforo en el Atlántico ecuatorial.
Porque aunque ya el dedo no apunta solo a la acción humana, el calentamiento global no desaparece de la ecuación. En otras palabras, mientras los océanos sigan calentándose y los vientos ecuatoriales mantengan su dinámica, el ciclo continuará.
Se le conoce más y las noticias inquietan
Brian Lapointe, profesor de la Florida Atlantic University y uno de los científicos que identificó el Gran Cinturón Atlántico de Sargazo en 2019, documentó que entre 1983 y 2019 la relación nitrógeno-fósforo en el sargazo aumentó 111% en 488 muestras del Atlántico Norte, una huella del exceso de nitrógeno de origen humano.
Para Lapointe, reducir la descarga de nutrientes desde los grandes ríos atlánticos sigue siendo necesario. Pero el hallazgo del Max Planck deja claro que esa acción sola no detendría el fenómeno: hay un motor oceánico que opera independientemente de lo que los países hagan en sus costas o en sus campos.
La investigadora Susana Enríquez, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), añade otra dimensión al problema: parte de la solución pasa por localizar y caracterizar con mayor precisión las áreas de proliferación de nutrientes en el centro del Atlántico, para intentar intervenir los procesos antes de que el alga alcance masa crítica.
El equipo del Max Planck, por su lado, ya trabaja en un sistema predictivo de varamientos basado en los nuevos hallazgos, que podría dar a los países del Caribe más tiempo de anticipación que los modelos actuales.
Entretanto, Jorge Prado Molina, coordinador del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra de la UNAM, advirtió en abril de 2026 ante el Programa Espacial Universitario que el sargazo puede duplicar su volumen en 18 días y que para este año 2026 se estiman hasta 40 millones de toneladas distribuidas en el Atlántico, por encima de las 38 millones registradas en 2025.
El Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida (USF), que monitorea el fenómeno mediante imágenes satelitales desde 2011, lo confirmó en su Boletín 05 del sistema de vigilancia SaWS, publicado en mayo de 2026: “Las cantidades de sargazo en la mayoría de las regiones probablemente aumentarán en junio. Los eventos de acumulación en playas del Caribe continuarán y probablemente se intensificarán.”
Así, el año 2026 ya está catalogado como año mayor de sargazo, con niveles que superan en más de 75% los promedios históricos.
¿Qué pasa en RD?
En ese contexto científico se entiende mejor la postura del ministro de Turismo, David Collado, al revelar que el Ministerio mantiene US$9 millones reservados en una cuenta de Asonahores, condicionados a que exista una solución definitiva al problema.
“Nosotros mantenemos en una cuenta 9 millones de dólares en Asonahores para que, desde que aparezca una solución, autorizar el desembolso. Pero los mismos no se pueden utilizar si no existe una solución definitiva del problema”, declaró el funcionario.
La ciencia más reciente no trae información halagüeña y sugiere que esa condición tardará en cumplirse.
Lo que sí avanza es la respuesta operativa. El Ministerio de Medio Ambiente activó un operativo en la región Este, inspeccionó más de 15 propiedades hoteleras entre Uvero Alto y Cabeza de Toro y formalizó los protocolos de recolección mediante la Resolución Núm. 0046-2025, de fecha 10 de julio del año pasado, que habilita a los hoteles por períodos de diez días para ejecutar labores de limpieza bajo su propia responsabilidad ambiental.
El operativo, conducido por el viceministerio de Costeros y Marinos a cargo de José Ramón Reyes, verificó el manejo del sargazo, los puntos de acopio temporales y determinó qué propiedades pueden operar con centros propios y cuáles deben remitir el material al sitio de disposición final autorizado por el ministerio.
Collado anunció además que el Banco Interamericano de Desarrollo desarrolla un plan piloto de recolección en mar abierto, con Cancún y República Dominicana como territorios de prueba. Esa es, precisamente, la condición que el ministro pone para liberar los US$9 millones: una solución que recoja el sargazo antes de que llegue a la orilla, no después.
El ministro hizo además un llamado a ONU Turismo para acelerar los estudios y planes que reduzcan el impacto del fenómeno a nivel mundial.
El mapa de la exposición
En la práctica, las acumulaciones más densas en la costa turística dominicana se concentran entre Punta Cana, Bávaro, Cabeza de Toro y Macao, principalmente entre mayo y septiembre. Los complejos de las cadenas Bahía Príncipe, Hard Rock, Meliá, Majestic, Riu y Dreams, entre otros, son los que enfrentan con mayor regularidad la llegada del alga.
La gran mayoría emplea cuadrillas de limpieza continua con maquinaria o instala barreras de contención para mantener las zonas de baño despejadas, aunque la acumulación en la arena puede ser inevitable durante los picos de temporada.
Bayahíbe y Miches (Playa Esmeralda) permanecen prácticamente libres. La primera, protegida por la barrera natural que ofrece la isla Saona: el sargazo que entra por el Canal de la Mona colisiona con la isla y es desviado hacia San Pedro de Macóris, Juan Dolio y la parte occidental de la costa, dejando intactas las playas de Bayahíbe y sus alrededores.
En La Romana-Bayahíbe, según sus propios operadores turísticos, no se han registrado pérdidas económicas asociadas al fenómeno. Miches, al norte de Punta Cana, se beneficia de corrientes favorables en su costa norte que mantienen sus playas limpias.
Esa diferencia geográfica ya es una variable en las decisiones de inversión costera. Para el mercado inmobiliario, el sargazo dejó de ser una variable estacional y se ha convertido en un riesgo estructural que los desarrolladores y compradores incorporan en sus análisis. La distinción entre una propiedad ubicada frente a una playa con exposición recurrente y una en zona naturalmente protegida es, hoy, un dato de mercado con incidencia directa en valor y rentabilidad.
La lucha es regional
Ninguna de las soluciones de fondo está al alcance de República Dominicana, ni de ningún país del Caribe en solitario. La deforestación del Amazonas, el uso de fertilizantes en la agricultura brasileña y estadounidense, el calentamiento de los océanos: todas son variables globales. El sargazo, como han señalado múltiples científicos, no es el problema: es el síntoma.
Lo que sí está al alcance regional es la respuesta coordinada. República Dominicana, junto a Barbados y Jamaica, ya logró que la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente aprobara en diciembre de 2025 la primera resolución global sobre el sargazo.
Esta reconoce el fenómeno como problema socioeconómico y ambiental grave y encarga al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) la coordinación de investigación y financiamiento internacional.
En paralelo, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) avanza, en colaboración con las empresas Algaltek (Suiza) y CADE Soluciones (España), en procesos de gasificación hidrotermal que podrían convertir la macroalga en gases de síntesis con potencial energético, eliminando además el arsénico que históricamente ha limitado los usos industriales del sargazo.
En mayo de 2026, investigadores del INTEC divulgaron resultados sobre el uso de la macroalga como biofertilizante en cultivos de tomate, sin detectar niveles preocupantes de arsénico, cadmio o plomo en los frutos evaluados.
La Fundación Puntacana y la Red Interuniversitaria de Investigaciones de Sargazo (SARGARD) presentaron en febrero de 2026 un portafolio de siete proyectos orientados a la economía circular, con énfasis en energía, agricultura, monitoreo predictivo y aplicaciones industriales.
Japón, por su parte, donó en mayo de 2026 seis camiones volquetes, cinco barredoras y cinco tractores a través de la Cooperación Financiera No Reembolsable del Japón para el Programa de Desarrollo Económico y Social (AF2023), en un acto encabezado por el ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza.
La donación refuerza la capacidad de recolección y manejo del sargazo en zonas turísticas. Es una respuesta que habla de la magnitud del problema: cuando un país dona maquinaria pesada para limpiar playas, la situación ya superó el umbral de lo coyuntural.
En ese contexto, los US$9 millones congelados en una cuenta de Asonahores son también un termómetro. El Estado reconoce la magnitud del problema, tiene el recurso asignado y la voluntad declarada.
Pero la condición para liberar los fondos, una solución definitiva, es precisamente lo que la ciencia, publicada en Nature Geoscience en noviembre de 2025, deja sentado que aún no existe: el sargazo tiene raíces a varios cientos de metros bajo la superficie del Atlántico, en un mecanismo oceánico que ningún presupuesto nacional o esfuerzo regional puede desactivar.
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