InicioConstrucciónTragedia Jet Set12:44: La madrugada en que cayó el Jet Set

12:44: La madrugada en que cayó el Jet Set

A un año del colapso que dejó 236 muertos, la justicia empieza a moverse mientras el país regresa al lugar, a la hora en que todo cambió

SANTO DOMINGO. – El lunes 7 de abril de 2025, más de 500 personas se divertían en la discoteca Jet Set, uno de los iconos de la vida nocturna de la ciudad desde la década de 1970, y el merenguero Rubby Pérez amenizaba la fiesta tradicional de los lunes.

Afuera, la ciudad dormía, y a las 12:44 de la madrugada del martes 8, el merenguero interpretaba “Color de Rosa” junto a una de sus hijas, cuando un gran estruendo dio paso a un silencio espeso y a un caos de escombros, polvo, gritos de auxilio y alaridos, que quedaron grabados en celulares.

Aunque hubo señales, por trozos de cielo raso que caían, goteras inoportunas y un corre corre del personal del centro de diversiones que nadie vio en el momento, el techo del local se había desplomado sobre los asistentes.

No hubo cuenta regresiva ni margen de reacción. Nadie tampoco leyó las señales. Solo un estruendo seco, brutal, que apagó la música y convirtió todo en polvo, gritos y oscuridad. En segundos, el Jet Set dejó de ser un centro de fiesta para convertirse en un campo de escombros y muerte.

Cinco minutos después, a las 12:49 de la madrugada, desde debajo del concreto, una llamada logró salir. La gobernadora de Monte Cristi, Nelsy Cruz, atrapada, alcanzó a llamar al presidente Luis Abinader. Ese gesto, desesperado y lúcido, fue una de las primeras señales de que no se trataba de un accidente menor, sino de una tragedia de escala nacional.

Los primeros videos difundidos en redes sociales apenas permitían dimensionar la escena, pero era seguro que había personas atrapadas, algunos voluntarios, desesperados, intentaban mover escombros con las manos mientras repetían: “¿hay alguien ahí?”

La madrugada se hizo interminable. Las sirenas llegaron rápido, pero no lo suficiente para el dolor que ya estaba sembrado. Bomberos, Defensa Civil, militares, ambulancias y voluntarios. El país entero pareció volcarse hacia un mismo punto de la avenida Independencia. Se hicieron más de cien traslados en pocas horas, hospitales y clínicas recibían heridos sin pausa.

Los rescatistas trabajaban en silencio por momentos, pidiendo que se detuviera todo ruido para escuchar señales de vida bajo la pila de concreto, madera y trozos de plafón.

Aún no amanecía, y ya se habían contabilizado suficientes muertos.

Cuando salió el sol

Con la luz, llegó la certeza: el techo de Jet Set había colapsado completamente durante el concierto, dejando un saldo final de 236 muertos y más de 180 heridos, según cifras oficiales. Murió el propio Rubby Pérez y entre las víctimas se cuentan figuras públicas, deportistas, servidores del Estado. Murieron, sobre todo, ciudadanos comunes que esa noche solo querían bailar.

Una de las tragedias no naturales más devastadoras en la historia dominicana, que sumió al país entero en un duelo que se transformó en rabia cuando se conocieron detalles sobre las posibles causas del colapso.

Conforme avanzaban las horas se daban a conocer nombres de víctimas fatales y los días siguientes fueron de entierros, la angustiosa espera de las listas de heridos y su ubicación hospitalaria. Fotografías y videos circulando en redes, filas en los hospitales, abrazos silenciosos.

El Gobierno declaró duelo nacional y Santo Domingo cambió su ritmo: menos tránsito, menos ruido, muchas velas. Un silencio denso recorría el país más bullanguero de la región, estaba sobrecogedor y envuelto en llanto.

Pero junto al dolor empezó a crecer otra cosa, la pregunta colectiva: ¿Por qué?

Una cadena de descuidos

Las primeras respuestas no tardaron en aparecer y no eran tranquilizadoras. Las investigaciones comenzaron a revelar un patrón: intervenciones estructurales sin evaluación técnica, sobrecarga progresiva del techo, falta de mantenimiento, advertencias ignoradas.

Se supo que entre 2011 y 2025, el techo pasó de tener 7 a 17 elementos instalados, sin estudios de capacidad de carga. Eran equipos pesados, ductos, tinacos, sistemas de aire acondicionado.

Un peso acumulado calculado en unas 8 toneladas, según peritos que acudieron a la televisión, que se sumaron a unas seis capas de “fino”, según los informes preliminares. Peso acumulado. Riesgo acumulado evidenciado en fotografías.

También surgieron testimonios clave, como el empleado Gregory Adames, que habría advertido antes del evento sobre las condiciones del lugar y a pesar de su petición de parar la celebración, la misma, sin embargo, no se detuvo.

Ya en junio se produjeron los arrestos y dos meses después, la tragedia entró en otra fase debido a que los propietarios del establecimiento, Antonio y Maribel Espaillat, fueron acusados de homicidio involuntario y negligencia grave.

El Ministerio Público habló de “inmensa irresponsabilidad”, aunque no les dictaron prisión preventiva. Se les impuso garantía económica de RD$50 millones, impedimento de salida y presentación periódica, generando indignación entre familiares de víctimas.

Noviembre: la acusación formal

El expediente fue depositado el 7 de noviembre de 2025, e incluía peritajes de ingeniería, testimonios de sobrevivientes, documentación sobre remodelaciones y evidencias de gestión estructural deficiente.

El caso quedaba listo para su fase decisiva y es justo a un año de la tragedia que la justicia empieza a moverse.

Dos días previos al primer aniversario, el proceso judicial entró en su etapa clave. El juez Raymundo Mejía inició la audiencia preliminar contra los propietarios del Jet Set, con un objetivo claro: determinar si hay pruebas suficientes para enviarlos a juicio de fondo.

El Ministerio Público no dudó en solicitar la apertura a juicio y pidió mantener las medidas de coerción, además del embargo de bienes para garantizar indemnizaciones a las víctimas.

En paralelo, el juez rechazó nuevos aplazamientos: “No es justo seguir postergando”, advirtió, ordenando avanzar con la lectura de la acusación.

Las víctimas siguen ahí, el dolor colectivo también y mientras el expediente avanza en tribunales, afuera la historia no ha terminado.

Familiares continúan exigiendo justicia, la sociedad, que recuerda a las víctimas en actos memoriales los días ocho de cada mes, pide justicia. Y todos lo hacen con la misma consigna desde el primer día: “Queremos justicia”.

Porque el 8 de abril de 2025 no terminó ese día. Cada día 8, el país regresa a ese lugar con velas encendidas a rezar, a cantar, a llorar. A recitar los 236 nombres y, como anoche 7 de abril, a apagar las velas a la misma hora en que el tiempo se detuvo: 12:44.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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