Sus calles temáticas, sus casas victorianas, su malecón y sus puertos de cruceros vuelven a latir con turistas, inversión y proyectos que transforman el paisaje
SANTO DOMINGO.- Al amanecer, el malecón de Puerto Plata tiene una luz que no sabe de estadísticas. El Atlántico se mece con la misma cadencia de siempre, y sin embargo algo es distinto. La ciudad, que en la década de 1980 se convirtió en la primera región turística del país, se renueva con memoria y estrategia.
Todo comenzó en Playa Dorada, impulsada a fines de los años 70 por el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y el Departamento de Infraestructuras Turísticas (Infratur) del Banco Central. El modelo era innovador: el Estado financiaba infraestructura, facilitaba crédito a hoteles y organizaba el destino para atraer inversión privada.
Impulsado por Fernando Rainieri, Puerta Plata funcionó y fue referente regional con cadenas como Occidental, Jack Tar o Amhsa Marina, y empresarios como Alberto del Pino y Pablo Piñero.
Sin embargo, según el consultor Manuel Quiterio Cedeño, la chispa se apagó cuando el liderazgo local priorizó intereses individuales sobre la visión colectiva.
“Parte del proceso se perdió cuando empresarios locales convinieron con el gobierno para construir un centro comercial en el espacio que originalmente estaba destinado a un centro de convenciones, y se desaprovechó una oportunidad única para diversificar la oferta turística”, explica.
Otros desacuerdos, como la resistencia de sectores locales a reactivar incentivos fiscales frente a destinos emergentes, terminaron de frenar el impulso. Ese desgaste hizo que Puerto Plata perdiera ritmo frente a otros polos, aunque el turismo nunca desapareció.

La magia del mar
El renacer comenzó en 2015 con la inauguración del puerto de cruceros Amber Cove y se consolidó en 2021 con Taíno Bay, en el centro histórico. En 2025, ambos recibieron 2,193,142 cruceristas en 562 escalas, dinamizando comercio, transporte y excursiones.
La hotelería formal suma cerca de 9,000 habitaciones, con 27,000 adicionales en alquileres cortos y casi 5 mil alojamientos en proyectos en desarrollo, incluyendo Cofresí y renovaciones en Cabarete, Sosúa y Punta Bergantín que integra hoteles, residencias, áreas comerciales y clubes de playa bajo marcas internacionales como Meliá, Westin, Holiday Inn y Hyatt, consolidando un modelo de desarrollo urbano turístico que sumará entre 4 y 5 mil habitaciones.
Sumando las inversiones anunciadas y en ejecución, Puerto Plata supera los US$1,200-1,500 millones en proyectos turísticos y de infraestructura, sin incluir el potencial total de Bergantín.
El financiamiento bancario y los 22 proyectos evaluados amplían ese universo a múltiples miles de millones de dólares en inversiones vinculadas al turismo, con un impacto considerable en Puerto Plata.
Para Cedeño, la envergadura de estas cifras son una clara señal de que el destino está en fase de recuperación y fortalecimiento.
Puerto Plata combina sol y playa con cultura y naturaleza. El Centro Histórico, restaurado; el teleférico al Pico Isabel de Torres, en renovación; el kitesurf en Cabarete y el buceo en Sosúa amplían la paleta de experiencias.
La ocupación promedio en 2025 rondó el 58 %, reflejando un destino que ya no depende de una sola temporada ni de un solo mercado, sino que se integra con la ciudad, creando economía más allá del resort y fortaleciendo la identidad local.
Hoy, la Novia del Atlántico no solo ha “revivido”, aprendió de sus ciclos y errores, integrando inversión hotelera, cruceros, cultura y desarrollo urbano, en una Puerto Plata que confirma que el turismo puede ser sostenible, inclusivo y estratégico, y que la ciudad puede crecer sin perder su historia ni su identidad frente al mundo.
Este artículo fue publicado originalmente en El Inmobiliario impreso no. 14
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