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Leer caminando: Mar de Palabras convertirá la Ciudad Colonial en un mapa de ideas

La pregunta que atraviesa el entusiasmo es si todas las calles de la Ciudad Colonial estarán abiertas en junio, cuando el festival invita precisamente a recorrerla

SANTO DOMINGO. – En junio, cuando la canícula encienda los flamboyanes y los robles y acacias amarillos estallen por todo el país, la Ciudad Colonial no será el escenario del festival Mar de Palabras. Será, más bien, su protagonista.

Durante tres días, sus plazas, calles y espacios culturales dialogarán con la palabra y dejarán de ser únicamente postales y serán lugares de conversación: allí donde normalmente circula el turismo, circularán ideas.

Las matas de mango de la Quinta Dominica estarán cargadas de frutos maduros entre el 19 y el 21 de junio, cuando más de 40 autores llegarán a Santo Domingo para participar en la segunda edición que, según sus organizadores, busca consolidarse como un “faro de pensamiento, creatividad e inspiración” en el Caribe.

Pero lo interesante no es la cifra, ni siquiera los nombres, sino el tipo de experiencia que propone el evento: un festival que se dispersa, no uno que se encierra.

Una ciudad que también lee

“Las plazas y espacios culturales de la Ciudad Colonial ofrecerán el marco ideal para este cruce de palabras, ideas y lecturas compartidas”, explican desde la web oficial de Mar de Palabras. Y la frase no es menor, implica un cambio de lógica.

La literatura no ocurre en auditorios aislados, sino en diálogo con una ciudad viva, histórica, turística.

En ese sentido, el festival funciona casi como una intervención urbana que convierte la Zona Colonial en una red de pensamiento, donde cada conversación se inscribe en un territorio cargado de memoria.

No es casual. El propio evento se plantea como parte de una estrategia más amplia para activar el turismo cultural y proyectar a Santo Domingo más allá del circuito tradicional.

La ecuación es clara: libros + ciudad = experiencia.

Un festival con propósito

Organizado por la Fundación René del Risco Bermúdez, el evento reunirá escritores, pensadores y lectores en torno a conversaciones, talleres y encuentros abiertos.

Más que presentaciones, lo que se propone es intercambio, un espacio donde las ideas circulan, se discuten y se tensionan. Y aquí entran los nombres.

Hasta ahora, el mexicano Jorge Volpi, la argentina Claudia Piñeiro y el colombiano Carlos Granés forman parte de una programación que apunta directamente al debate contemporáneo con exposiciones sobre política, memoria, cultura y poder.

No llegan solo a hablar de libros. Llegan a hablar de lo que está pasando y eso conecta con la intención declarada del festival, de reunir distintas perspectivas para pensar los desafíos sociales, económicos y culturales del presente.

Porque Mar de Palabras, a diferencia de otros eventos literarios, es un proyecto ambicioso que no quiere quedarse en la literatura como objeto, sino usarla como punto de partida. En su primera edición ya dejó señales de ese camino: asistencia constante, presencia internacional y una ciudad que empezó a integrarlo como parte de su dinámica cultural.

En esta segunda entrega, la apuesta es convertir la experiencia en algo intergeneracional, abierto y expandido. Es decir, que no sea necesario ser “lector habitual” para participar.

Vivirla aunque no seas escritor

A la espera del programa completo, la web del festival adelanta algunas certezas: habrá conversatorios, talleres, espacios formativos y actividades abiertas al público en distintos puntos de la Ciudad Colonial.

Prometen un flujo constante de eventos que obligará a moverse por sus calles, porque el festival no está diseñado para sentarse, sino para recorrerlo.

Y en ese recorrido, la experiencia se vuelve doble porque al mismo tiempo que se escuchan ideas, se redescubre la ciudad Primada de América. Ahí aparece uno de los giros más interesantes: la Ciudad Colonial como idea.

Porque Mar de Palabras no solo trae escritores, sino que reformula la manera en que se habita la ciudad. La convierte en un espacio donde el patrimonio no es solo arquitectónico, sino también intelectual. Donde la historia no está únicamente en las piedras, sino en las conversaciones que se activan sobre ellas.

En ese cruce entre pasado y pensamiento contemporáneo, el festival encuentra su identidad. Y también su apuesta de no ser un evento más en la agenda cultural, sino un punto de encuentro donde, por unos días, Santo Domingo deja de ser solo destino y se convierte en interlocutor.

¿Habrán terminado las obras?

Con suerte, los participantes alcancen a ver las “Maripositas de San Juan” mientras van de un lado a otro, movidos por las conversaciones.

Pero, llegados a este punto, hay una pregunta inevitable que atraviesa todo ese entusiasmo: ¿en qué estado estará la Ciudad Colonial cuando comiencen a llegar esos lectores?

El proyecto de intervención urbana, que entre planificación, rediseños y ejecución se ha extendido durante años y ha impactado unas 17 calles del casco histórico, entra en su fase final, al menos en el papel, según ha anunciado el Ministerio de Turismo. Sin embargo, todavía hoy persisten tramos cerrados, desvíos y zonas en obra.

No se trata de una ciudad paralizada, pero tampoco completamente abierta.

A tres meses del inicio del festival, la incógnita no es menor, pues en un evento que apuesta por caminar, recorrer y habitar la ciudad, la infraestructura no es un detalle: es parte de la experiencia.

La pregunta, entonces, es directa: ¿estará lista la Ciudad Colonial para sostenerla? La respuesta no está todavía en el programa del festival.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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