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Un estudio reciente del Foro Económico Mundial predice que 23% de los empleos globales cambiará en los próximos cinco años debido a la inteligencia artificial y otras tecnologías para procesar texto, imágenes y voz

Forbes

El 2023 fue el año de la masificación de la inteligencia artificial. Vimos cómo en las organizaciones se empezó a experimentar con ella en la búsqueda de aplicaciones y en casos de uso para volver los procesos más eficientes, y en lograr que las personas pudieran tener este asistente para apoyarlas, guiarlas y, en algunos casos, asignarles tareas. 

Fue el periodo para empezar a ensayar con esta tecnología, probar su valor y entender sus limitaciones, asociadas a los datos que necesita; las políticas y lineamientos para su operación, lo que puede hacer y lo que no debe hacer; y los cambios culturales necesarios para entenderla, adoptarla y, sobretodo, para aprovecharla en los ámbitos personal y organizacional. 

En 2024, la inteligencia artificial seguirá siendo protagonista y un jugador esencial para el mundo de los negocios. Las empresas harán una apuesta de inversión importante para ponerse al día en investigación, desarrollo y en el aprovechamiento de los beneficios de productividad, eficiencia e innovación que promete esta tecnología. 

En cuanto a la inversión privada, según el Índice Latinoamericano de inteligencia artificial, presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) hace unos meses, mientras en el mundo alcanzó los US$190.000 millones en 2022, en América Latina las empresas de la región apenas habían invertido US$8.200 millones, de manera conjunta, cifras que seguramente cambiarán y deberían ir en aumento en la región en los próximos meses. 

De acuerdo con una encuesta de noviembre de 2023 realizada por Gartner a 1.040 ejecutivos, se estima que en el 2024 los líderes empresariales asignarán mínimo 6,5% de su presupuesto funcional a la inteligencia artificial generativa. Esto representa una interesante proporción de recursos en el actual y retador entorno económico y un terreno que ganará esta tecnología este año. 

Sin embargo, para que esa inversión no solo tenga retornos económicos, sino que habilite satisfactoriamente la evolución empresarial apalancada en inteligencia artificial, las empresas y sus directivos deberán tomar en consideración tres pilares: el talento humano, los procesos organizacionales y la regulación.

Un estudio reciente del Foro Económico Mundial predice que 23% de los empleos globales cambiará en los próximos cinco años debido a la inteligencia artificial y otras tecnologías para procesar texto, imágenes y voz. Así, las tareas repetitivas y rutinarias podrán ser delegadas a un asistente “artificialmente inteligente”, mientras que aquellos roles que requieran razonamiento abstracto o habilidades de resolución de problemas usarán los resultados de la IA para potenciarse y fortalecerse. 

Por eso, para estar actualizadas, las empresas deberán desarrollar planes de entrenamiento y capacitación para su personal en los programas de IA. No obstante, esta transformación también dependerá del interés de cada persona por estar al día, explorar el uso de esta tecnología y conectarse con redes de conocimiento (universidades, grupos y comunidades) para entender su aprovechamiento en su cotidianidad laboral y personal.

En cuanto a los procesos organizacionales, ya existe presión desde las juntas directivas y el nivel más ejecutivo de las compañías para la implementación de la inteligencia artificial, porque se ve en esta tecnología la oportunidad para mejorar la experiencia del cliente y hacer eficientes los procesos a partir del uso y el análisis de datos y para aumentar la productividad de las tareas que involucran lenguaje. 

Goldman Sachs predice que en los siguientes 10 años la IA puede incrementar la productividad 1,5% anualmente y esto se puede traducir en un incremento del 30% en las ganancias de las 500 empresas más grandes listadas en bolsa en Estados Unidos en la próxima década. Para que esto sea viable, en el caso colombiano, las empresas que aún están madurando sus procesos digitales deberán aprender de la experiencia de transformación digital. Así como los nuevos jugadores en muchos sectores han ganado terreno porque son “nacidos digitalmente”, es decir, tienen sus procesos desde el origen pensados de forma digital, es el momento de que las organizaciones que no lo son empiecen a pensar todo lo que hacen con un componente de IA, sin olvidar que el corazón de esta tecnología son los datos. 

Las preguntas clave que guiarán esta conversación rondarán en torno a si el almacenamiento de los datos permite escalar su uso y procesamiento masivo, si los datos cuentan con la calidad necesaria para que la IA los utilice y aprenda de ellos, y si los datos están conectados entre plataformas de forma adecuada.

Finalmente, en relación con la regulación, en el 2024 habrá más claridad en cuanto a las normas y leyes que van a enmarcar la IA. En Colombia, actualmente hay cuatro proyectos de ley que acogen principios de IA ética, responsable y confiable, siguiendo las recomendaciones de la OCDE y de la Unesco y, aunque solo el proyecto de Ley 059/23 ha pasado el primer debate en el Congreso, indiscutiblemente seguiremos la senda de regulación que ya iniciaron China, Estados Unidos y la Unión Europea, algunos países más restrictivos que otros, tanto para las empresas que desarrollan estas tecnologías como para las que las adoptan. 

Todo esto, debe ocurrir paralelamente a la formulación de procesos de normatividad interna en las organizaciones del uso de la inteligencia artificial, así como al seguimiento y apoyo del sector empresarial a los procesos gubernamentales de regulación.

El 2024 es un año para centrarse en esos tres pilares, tomar acciones y lograr que el acceso masivo de las personas a los programas de inteligencia artificial resulte en beneficios para las organizaciones y sus equipos de trabajo y no en una oportunidad de innovación tecnológica desperdiciada.