Hace unos meses asistí al 1er Foro Internacional de Inversión y Nearshoring de la República Dominicana organizado por Promérica, enfocado en oportunidades industriales y zonas francas en nuestro pais. Participaron actores regionales de primer nivel, incluyendo representantes de CBRE, Cushman & Wakefield, Colliers y Newmark, con amplia experiencia en mercados globales, pero basados en Costa Rica.
La conclusión de todos ellos para el sector público y privado dominicano que asistió fue contundente y vale la pena decirla sin rodeos:
No basta con tener buenos desarrolladores, capital disponible, terrenos bien ubicados y terminaciones clase A, y obtener unos retornos envidiables.
No basta con estar en el ombligo del continente americano. Con tener los mejores puertos, aeropuertos, autopistas.
Todo eso es necesario, pero no suficiente.
El activo más importante ya no es el edificio.
No importa si hablamos de manufactura avanzada, ciencias de la vida, electrónica, BPOs, o data centers.
En todos los casos, el activo más valioso de estas empresas hoy es el colaborador.
República Dominicana tiene una base sólida de talento en sectores como el textil, tabacalero, manufactura tradicional y servicios. Pero si queremos subir de liga —como lo hizo Costa Rica — necesitamos elevar el nivel educativo y técnico del capital humano, desde roles operativos hasta ingenieros y mandos medios.
Las multinacionales ya no preguntan solo:
• ¿Hay incentivos fiscales?
• ¿Hay naves disponibles?• ¿Cuáles son las condiciones de alquiler? ¿Qué altura tiene la nave?
Preguntan:
• ¿Hay talento capacitado?
• ¿Cuánto me cuesta entrenarlo?
• ¿Qué tan rápido puedo escalar mi operación en el corto, mediano y largo palzo?
Si una empresa tiene que formar desde cero a todo su equipo, el reto se multiplica. Y muchas veces, eso define el país que eligen.
Sostenibilidad: el tema que ya no se puede ignorar.
No como discurso, sino como práctica real:
• Diseño inteligente
• Eficiencia energética
• Operación responsable
• Estándares internacionales
Las empresas globales no preguntan si un proyecto es sostenible. Preguntan cómo lo es.
El futuro se construye en paralelo.
El desarrollo inmobiliario industrial y la formación del talento humano tienen que avanzar juntos. Uno sin el otro no funciona. Es una relación biunívoca.
Podemos tener naves de primer nivel, pero sin personas capacitadas no atraeremos las operaciones que realmente transforman un país.
El futuro industrial no se construye solo con concreto y capital. Se construye con personas, visión y educación.


