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El mantenimiento en la construcción: prevención, seguridad y ahorro para el país

En República Dominicana seguimos invirtiendo miles de millones en infraestructura pública y privada, pero aún no hemos internalizado una verdad técnica elemental: el mantenimiento es prevención. Y la prevención es la forma más eficiente de proteger vidas humanas y evitar sobrecostos estructurales al Estado y a los inversionistas.

Una obra no termina cuando se inaugura. En ese momento comienza su ciclo de vida útil. Sin mantenimiento planificado, cualquier edificación, sea hospital, escuela, puente, edificio corporativo o habitacional, inicia un proceso progresivo de deterioro que, si no se atiende a tiempo, se convierte en riesgo.

Fallas que no son accidentales

Las fallas estructurales, desprendimientos, filtraciones severas, corrosión de elementos metálicos, sobrecargas eléctricas o explosiones por acumulación de gas no suelen ser eventos súbitos; son, en la mayoría de los casos,consecuencia de falta de inspección, supervisión continua y mantenimiento preventivo.

El costo real de no prevenir

La diferencia económica entre prevención y corrección es abismal. En términos técnicos, reparar una estructura comprometida puede costar entre tres y diez veces más que mantenerla adecuadamente desde su puesta en servicio. Cuando el deterioro avanza, ya no se trata de mantenimiento, sino de rehabilitación o reconstrucción parcial, lo que implica paralización de servicios, afectación de usuarios y mayor carga presupuestaria.

Recientemente, el presidente Luis Abinader informó que el gobierno destinó un aporte especial de RD$2,500 millones al Ministerio de Obras Públicas, correspondiente al presupuesto del año pasado y al de 2025, para realizar correcciones necesarias.

Este dato evidencia una realidad contundente: cuando el mantenimiento permanente no es estructural ni sistemático, el Estado termina realizando inversiones extraordinarias para corregir situaciones que pudieron mitigarse con prevención continua.

En el sector público, la falta de mantenimiento genera un círculo financiero complejo: se construyen nuevas obras mientras las existentes demandan recursos adicionales para correcciones. Esto incrementa el gasto público y limita la capacidad del Estado para invertir en nuevas soluciones sociales.

En el sector privado, por igual, edificaciones sin mantenimiento pierden valor, aumentan las reclamaciones, elevan primas de seguros y exponen a propietarios y desarrolladores a mayores riesgos legales.

Las aseguradoras calculan el riesgo operativo; cuando no existen programas de mantenimiento, las primas se incrementan porque la probabilidad de siniestro es mayor. Lo que no se invierte en prevención se paga en seguros, litigios y reparaciones costosas.

El mantenimiento como política estructural

El mantenimiento debe asumirse como política permanente. Implica inspecciones periódicas, revisión estructural, evaluación de instalaciones eléctricas y de gas, monitoreo de sistemas hidrosanitarios y creación de protocolos de seguridad.

Pero aún más importante: el mantenimiento eficaz comienza desde la fase constructiva. Si la obra no fue supervisada técnicamente desde su origen, si no se documentaron procesos, si no hubo control de materiales y especificaciones, el mantenimiento posterior pierde efectividad.

Supervisión técnica: el primer filtro preventivo

Por ello he reiterado, insistentemente, la necesidad de garantizar la supervisión técnica especializada e independiente al constructor, en cada proceso constructivo. La supervisión es el primer filtro preventivo; el mantenimiento es la continuidad de una cultura de control.

En construcción, lo que no se mantiene se deteriora; y lo que se deteriora termina costando mucho más que haber prevenido.

El mantenimiento es una estrategia de seguridad y sostenibilidad financiera. Y mientras no lo asumamos como política estructural permanente, seguiremos pagando, en recursos públicos y en riesgo humano, el costo de la no prevención.

En R.D. es imprescindible fomentar una cultura de mantenimiento postconstrucción, como práctica permanente de prevención y sostenibilidad en las obras públicas y privadas.

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El contenido y las opiniones aquí expuestas corresponden únicamente a su autor. Inmobiliario.do no asume responsabilidad por dichas afirmaciones ni las considera vinculantes a su visión editorial.
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Edgar J. Martínez
Edgar J. Martínez
Arquitecto, postgrado en administración de la construcción y certificación internacional en alta gerencia con PNL, auditor técnico de obra autorizado y tasador.
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