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Similar a un camaleón que cambia de color para fundirse con su entorno, la arquitectura debe evolucionar y adaptarse constantemente a las demandas cambiantes. Hace algunas décadas, las viviendas solían estar asociadas únicamente con la vida privada y el descanso, mientras que los espacios de trabajo estaban diseñados exclusivamente para eso: el trabajo.

Era común que cada uso se separara en su propia habitación, convirtiendo los espacios cerrados y rígidos en la norma estándar que los arquitectos debían seguir. Eso, por supuesto, hasta que los nuevos patrones de vida y trabajo difuminaron estas fronteras para adaptarse a las tendencias contemporáneas.

La expansión demográfica, la desintegración de la familia nuclear, los presupuestos ajustados y la mayor esperanza de vida se han traducido en espacios más pequeños y abarrotados con diversas necesidades programáticas. Y con la pandemia de COVID-19 fortaleciendo el trabajo remoto y relegando a muchas personas a pasar la mayor parte de su tiempo en interiores, la calidad de estos espacios se ha vuelto aún más relevante para el bienestar físico y mental.

¿Cómo se han reinventado los espacios para adaptarse a las tendencias sociales actuales?

En última instancia, se trata de una arquitectura adaptable, flexible y multipropósito. En lugar de diseñar espacios para funciones específicas, cada vez más arquitectos están creando ambientes que pueden servir para una amplia gama de usos.

Esto explica, por ejemplo, el popular concepto de cocina abierta o el auge del diseño modular ambas iniciativas que permiten un estilo de vida híbrido. Para dar cabida al cambio, es común que las viviendas modernas tengan un dormitorio que también funciona como oficina en casa, un baño que también sirve como área de lavandería o una cocina que al mismo tiempo es un comedor. De esta manera, a diferencia de las viviendas convencionales, cuya configuración rígida tiende a restringir estas posibilidades espaciales, los edificios híbridos pueden integrar una variedad de funciones complejas relacionadas con el trabajo y los pasatiempos.

En lo que respecta a los espacios de oficina, los arquitectos se han enfrentado a un desafío importante: crear entornos que mejoren la productividad y la colaboración, pero que también estén diseñados para una nueva realidad. Al principio de la pandemia, se trataba principalmente de crear un entorno seguro con contacto humano limitado para minimizar las infecciones. Hoy en día, la tendencia ha evolucionado hacia repensar por completo el panorama de los lugares de trabajo, dejando atrás el modelo tradicional para integrar áreas destinadas a la colaboración, el ocio y la relajación a través de configuraciones adaptables.

«El diseño de interiores está permitiendo que los espacios de trabajo evolucionen», dice Virginie Lasalle, profesora de diseño de interiores en la Escuela de Diseño de la Universidad de Montreal. «Ahora, siendo más híbridos, deben diseñarse para satisfacer las necesidades específicas de sus usuarios». Después de todo, a medida que más personas trabajan desde casa y prefieren trabajos híbridos, es imperativo que los empleadores proporcionen condiciones atractivas al fomentar la comodidad, la flexibilidad y la interacción dentro de un mismo espacio.

La flexibilidad es sinónimo de sostenibilidad y bienestar

Para que un edificio sea sostenible, sus arquitectos y diseñadores deben considerar su impacto a largo plazo. De hecho, esto es una parte importante de programas como LEED, un sistema de certificación de edificios orientado a la ecología que considera, entre otros factores, el compromiso a largo plazo como un estándar al certificar edificios.

La usabilidad influye en este impacto a largo plazo, ya que un espacio multiusos será más sostenible con el tiempo porque puede cambiar y adaptarse fácilmente a nuevas necesidades. Además, al concentrar múltiples funciones relacionadas con la vida cotidiana, los entornos multiusos requieren menos desplazamientos y viajes, lo que siempre es beneficioso para reducir las emisiones de carbono.

Al mismo tiempo, uno de los mayores beneficios de la arquitectura híbrida y adaptable es la reducción de la necesidad de nuevas construcciones. Los edificios que no pueden adaptarse a las cambiantes necesidades corren el riesgo de ser demolidos a largo plazo, lo que a menudo resulta en enormes cantidades de residuos, contaminación y emisiones de carbono. Por el contrario, los diseños híbridos que pueden acomodar diferentes requisitos encajan en el concepto de reutilización adaptativa, que se refiere a espacios que pueden ser reutilizados para un propósito distinto al que se construyeron originalmente.

Como dijo el arquitecto Carl Elegante en una ocasión: «El edificio más sostenible es el que ya está construido».  Y, según Planet Ark, una de las organizaciones ambientales más respetadas de Australia, «Los edificios diseñados para la reutilización reducen las emisiones en un 88%».

De manera similar, como sugiere la Red de Observación Europea para el Desarrollo Territorial y la Cohesión (ESPON), «Reutilizar espacios y edificios se puede ver como una forma efectiva de reducir la expansión urbana y sus impactos ambientales, y de mantener los barrios ocupados y vitales».

Los edificios híbridos, por lo tanto, tienden a estar estrechamente relacionados con la sostenibilidad, lo que es fundamental en medio de una crisis climática en curso. Pero más allá del impacto ambiental, la arquitectura adaptable también está relacionada con el bienestar humano. Los hogares y espacios de trabajo que albergan diversas funciones mejoran los estilos de vida flexibles, facilitan la interacción humana, empoderan a los usuarios y fomentan una amplia gama de actividades.

¿Cómo pueden los espacios responder a un estilo de vida híbrido?

Los entornos híbridos pueden sin duda allanar el camino hacia un entorno construido más sostenible y saludable. Pero para lograrlo, se deben cumplir ciertos criterios. Para maximizar el bienestar, por ejemplo, es crucial dar prioridad a la luz natural; no solo contribuye a espacios más atractivos, sino que también se ha demostrado que mejora los ritmos circadianos, los patrones de sueño, la productividad y la salud física y psicológica en general.

Además de contar con una estructura abierta y flexible, los edificios multiusos deben incorporar elementos de diseño que permitan una fácil adaptación manteniendo la calidad, durabilidad y seguridad.

Dado que pasamos el 90% de nuestro tiempo en interiores, los arquitectos tienen la responsabilidad de crear espacios que fomenten el bienestar humano y ambiental. En este sentido, los espacios híbridos se han vuelto más relevantes que nunca y se han convertido en la nueva norma en un mundo en constante cambio, con necesidades y complejidades diversas.

Fuente: https://www.archdaily.

Foto portada: https://www.flat.mx/elliving.