SANTO DOMINGO.- El Estrecho de Ormuz no es solo una franja de agua entre Irán y Omán. Es, en términos prácticos, una de las arterias que mantiene en movimiento la economía global. Su relevancia se hace más evidente en momentos de tensión, cuando cualquier interrupción en su tránsito deja de ser un asunto regional y se convierte en un problema mundial.
El punto por donde pasa el mundo
Por este estrecho, que en su punto más angosto apenas supera los 30 kilómetros, circula cerca del 20 % del petróleo que se consume en el planeta, además de una proporción similar de gas natural licuado. Datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, citados por la BBC, estiman que cada día transitan unos 20 millones de barriles de crudo.
Esto convierte al paso en un auténtico “cuello de botella”: una ruta estrecha, pero indispensable. Países como Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos dependen de esta vía para colocar su energía en los mercados internacionales. Sin este paso, gran parte del suministro mundial simplemente no tendría salida directa al océano.
La revista National Geographic subraya que, para muchos de estos países, el Golfo Pérsico es su única vía marítima hacia el exterior. Eso convierte al estrecho en una pieza estructural del comercio energético global, no en una ruta más.
Mucho más que petróleo
Aunque el petróleo concentra la atención, la importancia del Estrecho de Ormuz va más allá. Cerca de una quinta parte del gas natural licuado, clave para la generación eléctrica y el consumo doméstico, también atraviesa esta ruta, especialmente desde Qatar.
Además, según la BBC, alrededor de un tercio del comercio mundial de fertilizantes pasa por este punto. Esto implica que su funcionamiento incide directamente en la producción agrícola global y, por extensión, en el precio de los alimentos.
En sentido inverso, el estrecho también permite la entrada de bienes esenciales a Oriente Medio: alimentos, medicamentos y tecnología. Es, en otras palabras, un canal de doble vía del que dependen tanto exportadores como importadores.
Cuando se detiene, el mundo lo siente
La cobertura de Los Angeles Times y la Associated Press coincide en un punto: cualquier interrupción en el Estrecho de Ormuz es “sumamente perturbadora” para el mercado energético.
El impacto es casi inmediato. La reducción del tránsito marítimo provocada por amenazas, ataques o conflictos, eleva los precios del petróleo y del gas, generando un efecto en cadena. Países altamente dependientes de estas importaciones, como China o India, trasladan ese aumento a su producción industrial, lo que termina encareciendo bienes en todo el mundo.
La BBC documenta que, en contextos recientes de tensión, esta dinámica ha obligado a gobiernos a reducir el consumo energético, modificar jornadas laborales e incluso aplicar racionamientos. El efecto, por tanto, no se queda en los mercados: llega hasta la vida cotidiana.
Un paso difícil de reemplazar
Existen rutas alternativas, como oleoductos en Arabia Saudita o conexiones hacia puertos fuera del Golfo en los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, estas infraestructuras no tienen la capacidad suficiente para sustituir el volumen que pasa por Ormuz, según The Conversation.
Informes citados por la revista digital Britannica, advierte que evitar completamente el estrecho podría reducir significativamente el suministro global de petróleo. Esto confirma una realidad incómoda: el mundo sigue dependiendo de un paso geográfico estrecho y vulnerable.
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