Ese lugar que reverbera y es domesticado, antes era ese “demasiado lejos, demasiado seco, demasiado puro”. Un territorio virgen, aunque ya no tanto.
PEDERNALES. – Libertad, aventura, isla, magia, oasis… y el mar. Siempre el mar. Los cruceros impresionan por su envergadura y cuando aparece uno frente a la costa de Cabo Rojo, los viajeros asoman expectantes. Algunos piensan en qué encontrarán; otros bajan con el bañador para lanzarse en Bahía de las Águilas, el paraíso que vieron en catálogo. Sin saberlo, forman parte de una historia que apenas empieza, un capítulo recién escrito tras décadas de espera.
Demasiado nuevo
Ese lugar azulito, de ternura caribeña, es el mismo que antes era minería y “demasiado lejos, demasiado seco, demasiado puro, demasiado virgen”. Hoy, desde la carretera, sus cuevas y accesos, antes agrestes, están siendo domesticados.
El gran turismo llegó tarde, pero con paso decidido. Cada ancla que cae no solo acerca un barco: confirma que este territorio dejó de ser rumor para convertirse en destino y nada más tocar tierra, los visitantes caminan por un puerto que parece sacado de una película. Donde antes había un litoral olvidado, ahora hay pasarelas, piscinas, tiendas, hamacas y guías certificados.
Pedernales en el mapa
En camionetas, botes y catamaranes transparentes, los conducen a Bahía de las Águilas, la joya de la corona, bordeada por una carretera entre el bosque seco, con sus cactus y guayacanes, y un enorme farallón. Como un paisaje de otro planeta. Esta playa perfecta fue durante años un tesoro casi secreto, conocido solo por aventureros y ambientalistas.
Al pisar esa línea infinita de arena blanca, los visitantes se vuelven parte de la leyenda. “Esto siempre estuvo aquí, esperando”, dice un guía a un grupo. Desde hace décadas, Bahía de las Águilas era la promesa y hoy es la razón por la que el mundo mira hacia Pedernales.
Pedernales pueblo
Quienes se quedan cerca del puerto descubren un pueblo que aprendió a convivir con la frontera, la pesca y la sequía. En pequeños restaurantes donde lo mismo sirven langosta que chivo, se respira vida local: música alta, niños en bicicleta, pescadores remendando redes.
Turistas y residentes se mezclan sin esfuerzo. Esa autenticidad, sobreviviente del olvido, es ahora su mayor valor y los pobladores lo saben.
Naturaleza descubierta
Entre nubes bajas, los guías narran la historia de un territorio protegido por comunidades y ambientalistas que temían que el desarrollo borrara sus maravillas: el Parque Nacional Jaragua y el Hoyo de Pelempito. Hoy son parte del atractivo turístico y siguen siendo santuarios.
Al caer la tarde, los visitantes regresan al crucero, con la sensación de que este lugar está en tránsito entre lo que fue y lo que empieza a ser.
Pedernales es un destino nacido, no de un resort, sino de una historia más larga: la de un pueblo paciente y una naturaleza preservada casi por accidente.
Una frontera que fue barrera y ahora es puente para 81,469 cruceristas que arribaron en 19 escalas este año, según cuentan los que saben. Solo hasta marzo habían llegado 22,840 pasajeros y 8 cruceros.
Alojamientos
Los que pernoctan, tienen alojamientos y hoteles pequeños (más de 30), con servicios básicos, muy cálidos y familiares. Mientras, la cadena Iberostar levanta un hotel de 580 habitaciones y Hyatt Inclusive Collection uno de 520, como parte del proyecto Cabo Rojo-Pedernales, que contempla una inversión total de más de US$2,250 millones en 12,000 habitaciones en un plazo de 10 años.
Los barcos se alejan y los visitantes llegaron justo a tiempo. Si usted no ha ido a Bahía de las Águilas, vaya pronto, antes de que el futuro transforme este rincón que siempre estuvo listo, aunque pocos miraran.
Publicado originalmente en El Inmobiliario impreso #13.


