Mientras República Dominicana incrementa su capacidad de generación renovable y la discusión sobre las emisiones gana espacio en las políticas públicas, la eficiencia energética comienza a emerger como un factor que podría transformar la forma de diseñar, construir y valorar los inmuebles
SANTO DOMINGO. – Durante décadas, el mercado inmobiliario dominicano ha competido principalmente en tres frentes: ubicación, tamaño y amenidades. Los proyectos se han diferenciado por sus áreas sociales, accesibilidad, vistas, proximidad a servicios o potencial de valorización.
Sin embargo, la eficiencia energética comienza a abrirse paso silenciosamente en la industria de la construcción.
El Boletín de Estadísticas Ambientales núm. 11, publicado por la ONE en junio de 2026, informa que el sector energía concentra el 62% de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero, una participación asociada al aumento de la demanda energética, la expansión del parque vehicular y el crecimiento de las actividades productivas y de servicios.
El dato coloca el consumo de energía en el centro de cualquier discusión sobre el futuro del desarrollo urbano dominicano.
Según el Informe Mundial sobre el Estado de los Edificios y la Construcción 2025-2026, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Alianza Global para los Edificios y la Construcción (GlobalABC), presentado en el Foro Urbano Mundial de Bakú en mayo de 2026, los edificios y el sector de la construcción son responsables del 37% de las emisiones globales de carbono.
De ese total, un 28% proviene de la operación de los edificios, la energía utilizada para climatización, iluminación y funcionamiento cotidiano, mientras que el 11% restante está asociado a materiales y procesos constructivos.
El mismo informe advierte que cada día se construyen aproximadamente 12.7 millones de metros cuadrados de nueva superficie edificada en el mundo, equivalente a añadir una ciudad del tamaño de París prácticamente cada semana.
En otras palabras, una parte importante de la discusión climática global ya no se concentra únicamente en las industrias pesadas o el transporte. También se desarrolla mirando hacia adentro de los edificios.
El edificio como consumidor de energía
La realidad resulta especialmente relevante para países tropicales como República Dominicana, en los que las altas temperaturas durante gran parte del año convierten la climatización en uno de los principales componentes de la factura eléctrica de viviendas, oficinas, centros comerciales y hoteles.
Por esa razón, organismos internacionales y entidades vinculadas a la construcción sostenible promueven estrategias de diseño capaces de reducir el consumo energético sin afectar el confort de los ocupantes.
Entre ellas figuran la orientación adecuada de las edificaciones, el aprovechamiento de la ventilación natural, la protección solar de fachadas, el uso de materiales con mejor comportamiento térmico y la incorporación de sistemas energéticos más eficientes. La lógica detrás de estas medidas es sencilla: la energía más barata es aquella que no necesita consumirse.
Edificios certificados LEED en RD
Aunque la conversación suele percibirse como una tendencia internacional, existen señales de que el tema comienza a ganar espacio en República Dominicana. La certificación LEED, uno de los principales estándares internacionales para edificaciones sostenibles, acumula ya varios antecedentes locales.
Ágora Mall fue el primer centro comercial de Centroamérica y el Caribe en obtenerla, con nivel Silver, en 2014 y la sede del Banco Interamericano de Desarrollo en Santo Domingo alcanzó el nivel Platinum.
En 2021, Hayco obtuvo LEED Platinum para su planta en Zona Franca Las Américas, convirtiéndose en la primera empresa del sector zonas francas del país en alcanzar esa distinción y en 2022, el Edificio Corporativo Vista 311 sumó una certificación Gold, según el registro del Green Building Information Gateway del US Green Building Council.
En el sector turístico, el Four Seasons Resort and Residences República Dominicana en Tropicalia, desarrollo de Cisneros Real Estate en Playa Esmeralda, Miches, fue concebido con el objetivo de obtener la certificación LEED, con estrategias de refrigeración pasiva, gestión del agua y reducción de emisiones integradas desde el diseño. Según el portal de sostenibilidad del proyecto, el proceso de documentación para esa certificación sigue en curso.
La presencia de estas iniciativas refleja una transformación gradual en las exigencias de inversionistas, operadores hoteleros y corporaciones internacionales, cada vez más interesadas en reducir costos operativos y cumplir objetivos de sostenibilidad.
El impulso de las energías renovables
La transición energética dominicana también contribuye a ese escenario y así lo testificó el ministro de Energía y Minas, Joel Santos, cuando declaró que los más de 2,000 megavatios de energías renovables no convencionales son impulsados por 38 proyectos solares y eólicos en operación y que hay otros 25 proyectos adicionales en desarrollo.
El crecimiento de la generación solar y eólica crea un contexto más favorable para la incorporación de soluciones energéticas en proyectos inmobiliarios, desde sistemas fotovoltaicos hasta modelos de autoconsumo y reducción de gastos comunes.
Para desarrolladores y propietarios, la sostenibilidad deja de ser únicamente una cuestión ambiental y comienza a relacionarse con la eficiencia económica de los inmuebles.
El próximo valor agregado
Factores como ubicación, precio, financiamiento y accesibilidad continúan dominando el mercado y todavía es prematuro afirmar que la eficiencia energética determina las decisiones de compra en el país.
Sin embargo, las tendencias internacionales, la evolución del sistema energético nacional y el crecimiento gradual de las certificaciones ambientales sugieren que la conversación está cambiando.
Durante décadas, el sector inmobiliario vendió metros cuadrados. Después aprendió a vender amenidades. Ahora comienza a explorar una nueva propuesta de valor: edificios capaces de consumir menos energía, reducir costos operativos y adaptarse a un entorno donde la sostenibilidad ocupa un lugar cada vez más relevante.
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