SANTO DOMINGO.- El inicio de la temporada ciclónica suele estar acompañado de pronósticos sobre la cantidad de tormentas nombradas, huracanes y posibles trayectorias en el Atlántico. Sin embargo, para los geólogos, algunos de los riesgos más importantes asociados a las lluvias intensas no se desarrollan en la atmósfera, sino en el terreno donde se levantan viviendas, carreteras e infraestructuras.
Especialistas consultados por El Inmobiliario coinciden en que las precipitaciones extremas registradas en los últimos años han puesto de relieve una realidad que suele pasar desapercibida: la capacidad de los suelos para absorber, drenar o resistir grandes volúmenes de agua puede marcar la diferencia entre una lluvia intensa y una emergencia de gran escala.
Para el geólogo Osiris de León, la principal preocupación radica en que los eventos hidrometeorológicos están alcanzando niveles cada vez más severos.
El especialista señaló que el país ya ha experimentado lluvias torrenciales capaces de generar inundaciones urbanas, colapsos de infraestructuras y pérdidas humanas, una tendencia que atribuye a los efectos del cambio climático y que obliga a repensar la manera en que se gestionan los riesgos asociados al territorio.
“República Dominicana y los demás países del Caribe deben prepararse para eventos hidrometeorológicos cada vez más extremos”, advirtió.
Cuando la lluvia supera la capacidad del terreno
Aunque las inundaciones suelen ser la consecuencia más visible durante esta temporada, los expertos explican que gran parte del problema comienza debajo de la superficie.
De León indica que cuando el agua penetra rápidamente en el suelo y este no logra drenarla con la misma velocidad, se produce un proceso de saturación que incrementa el peso del terreno y reduce su estabilidad.
Según explicó, este fenómeno puede generar grietas, deformaciones y, en casos más severos, deslizamientos capaces de afectar viviendas, carreteras, sistemas de acueducto, torres de telecomunicaciones y redes eléctricas.
Luis Camil Caraballo, también geólogo, coincide en que la interacción entre lluvia y suelo es uno de los aspectos más importantes a vigilar durante la temporada ciclónica.
El experto Caraballo explicó que los terrenos blandos o flexibles presentan una mayor susceptibilidad a fallar cuando permanecen expuestos a períodos prolongados de humedad, situación que históricamente ha estado presente en algunos de los derrumbes registrados en zonas montañosas como las carreteras que conectan Jarabacoa y Constanza.
A su juicio, la atención pública suele concentrarse en las precipitaciones, cuando en realidad el comportamiento del terreno es un factor igualmente determinante para comprender los riesgos.
Las grietas suelen ser la primera advertencia
Uno de los puntos donde ambos especialistas muestran mayor coincidencia es en la importancia de identificar señales tempranas de inestabilidad.
De León explica que la aparición repentina de grietas en pisos, paredes, aceras, pavimentos o directamente en el terreno durante períodos de lluvias intensas puede estar asociada a movimientos progresivos del suelo.
En algunos casos, estas manifestaciones son consecuencia de las elevadas presiones internas que se generan cuando grandes cantidades de agua quedan atrapadas en terrenos con limitada capacidad de drenaje.
Caraballo añade que no todas las grietas representan el mismo nivel de peligro, pero advierte que la preocupación aumenta cuando dejan de ser superficiales y comienzan a comprometer elementos estructurales de una edificación.
El profesional también recomienda prestar atención a acumulaciones de agua en lugares donde normalmente no se producen encharcamientos, ya que pueden ser una señal de alteraciones en el comportamiento natural del terreno o de deficiencias en los sistemas de drenaje.
Para ambos geólogos, estos cambios no deben ser ignorados, especialmente cuando aparecen durante o inmediatamente después de episodios de lluvias intensas.
Construir cerca de ríos y cañadas sigue siendo un factor de vulnerabilidad
La ubicación de las construcciones también ocupa un lugar central dentro de las preocupaciones planteadas por los especialistas.
De León considera que uno de los errores más frecuentes consiste en desarrollar viviendas e infraestructuras sobre materiales susceptibles a procesos de erosión, como arcillas, limos, arenas y depósitos aluviales, especialmente cuando se encuentran próximos a cauces naturales.
El geólogo sostiene que muchas de estas áreas forman parte del espacio que los ríos y arroyos reclaman durante eventos extremos, por lo que las crecidas pueden comprometer la estabilidad de los terrenos y de las estructuras construidas sobre ellos.
Caraballo comparte esa visión y advierte que establecerse cerca de ríos o cañadas sin canalización continúa siendo una de las prácticas que más incrementa la exposición al riesgo durante la temporada de lluvias.
La vulnerabilidad, explica, no se limita únicamente a las viviendas. Carreteras, puentes, redes eléctricas y otras infraestructuras también pueden verse afectadas cuando se desarrollan en entornos con condiciones geológicas desfavorables.
El riesgo no se limita a inundaciones y deslizamientos
Caraballo también llamó la atención sobre un aspecto menos visible dentro de la discusión pública: la posibilidad de que algunos terrenos saturados desarrollen condiciones propicias para fenómenos de licuefacción en caso de un evento sísmico.
Según explicó, la acumulación de agua en determinados tipos de suelo puede reducir temporalmente su capacidad para soportar cargas, alterando su comportamiento mecánico ante vibraciones sísmicas.
Aunque se trata de un escenario menos frecuente que las inundaciones o los deslizamientos, el especialista considera que forma parte de los factores que deben ser tomados en cuenta al evaluar la relación entre geología, construcción y gestión del riesgo.
Vigilancia y prevención durante los próximos meses
Ante una temporada ciclónica que se extenderá hasta finales de noviembre, ambos especialistas recomiendan mantener seguimiento constante a los boletines emitidos por las autoridades y prestar atención a cualquier cambio inusual en viviendas o terrenos.
De León considera que la información oportuna puede marcar la diferencia en situaciones de emergencia, mientras que Caraballo recomienda a las familias conocer previamente rutas de evacuación y evitar desplazamientos innecesarios durante episodios de lluvias severas.
Más allá de la cantidad de tormentas que se formen durante la temporada, los geólogos coinciden en que la verdadera magnitud del riesgo dependerá de cómo respondan los terrenos, las infraestructuras y los asentamientos humanos frente a precipitaciones que, año tras año, muestran señales de ser cada vez más intensas.
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