SANTO DOMINGO.- La Serie Final no empezó el miércoles por la noche. Empezó semanas atrás, cuando Leones y Toros entendieron que no llegaban desde el mismo lugar, pero sí con la misma necesidad. Uno desde la costumbre de estar ahí. El otro desde la convicción de que había que ganarse el sitio partido a partido. Trece años tuvieron que pasar para que ambos coincidieran otra vez en una final, y cuando ocurrió, no fue para firmar un juego cómodo.
Los Leones del Escogido alcanzaron su final número 30 tras vencer 5-1 a los Gigantes del Cibao. Llegan como campeones defensores y buscan repetir por primera vez desde 2013. Desde 2009 han ganado cinco de las últimas seis finales que disputaron. Su camino no fue de dominio total, sino de control de los detalles: un bullpen confiable, lectura fina de cada entrada y una forma de jugar que privilegia la paciencia sobre el apuro.
Los Toros del Este regresaron a la final por primera vez desde 2020, cuando firmaron su temporada perfecta. Es su séptima final histórica. Llegaron desde abajo, creciendo durante toda la campaña, sosteniéndose en una rotación firme, una defensa que no regaló outs y una ofensiva repartida. En el Round Robin dividieron la serie con los Leones, tres victorias por lado. Nada estaba decidido antes del primer juego.
Un primer juego que marcó el tono
Los Leones golpearon primero. Atacaron a Enny Romero en el primer episodio y se adelantaron 2-0. Pero los Toros respondieron de inmediato. Eloy Jiménez abrió la final con un doble por el jardín izquierdo y Eddie Rosario empató el partido con un jonrón. A partir de ahí, los romanenses construyeron su ventaja con pequeños avances: boletos, contacto oportuno y presión constante. En el tercero, dos dobles seguidos y un imparable corto al central pusieron el marcador 5-2. En el octavo agregaron otra: 6-2. El juego parecía inclinado de su lado.
Entonces llegó el inning que lo cambió todo. Héctor Rodríguez abrió con sencillo. Erik González lo siguió. Sócrates Brito impulsó una con doble. Junior Lake trajo otra con un hit al cuadro. Un boleto intencional, una línea firme de Alcides Escobar entre tercera y segunda y el partido quedó igualado. No hubo un batazo monumental, hubo una cadena de turnos bien ejecutados en el momento justo.
El elevado de sacrificio de Franchy Cordero trajo la séptima. Con eso bastó. Los Leones ganaron 7-6 sin haber sido superiores todo el partido, pero siendo más precisos cuando el juego se abrió. Ganó Aneurys Zabala, salvó Stephen Nogosek y perdió Jean Carlos Mejía, quien venía de un Round Robin sin permitir carreras.
Así empezó la final. Con un partido que parecía controlado y terminó volteado en cuestión de minutos. Con la sensación de que esta serie no va a depender de quién juegue mejor durante más tiempo, sino de quién cometa menos errores cuando el juego esté respirando más fuerte.


