En el estado de Meghalaya, en las húmedas montañas de Cherrapunjee, los pueblos Khasi y Jaintia han creado una maravilla natural que parece salida de un cuento fantástico. Se trata de los puentes de raíces vivientes, estructuras que no se construyen con acero ni cemento, sino con la propia fuerza de la naturaleza. Estos pueblos han aprendido a guiar las raíces del árbol Ficus elástica para que crezcan en la dirección deseada, formando pasarelas capaces de cruzar ríos y barrancos.
Lo más sorprendente es que estos puentes no se levantan de un día para otro. Son el resultado de décadas de paciencia y sabiduría ancestral. Las raíces aéreas del Ficus elástica, similares a cuerdas, se entrelazan con ayuda de palmeras o tallos de bambú, hasta formar estructuras sólidas y resistentes. Con el tiempo, las raíces se engrosan y se consolidan, creando puentes que pueden durar siglos y que incluso llegan a tener dos o tres pisos de altura.
A diferencia de las construcciones modernas, estos puentes se vuelven más fuertes con los años. Mientras el acero se oxida y el hormigón se desgasta, las raíces continúan creciendo y reforzando la estructura. Por eso, caminar sobre ellos es como entrar en un mundo mágico donde la naturaleza y la ingeniería humana se funden en perfecta armonía. No es casualidad que muchos viajeros los comparen con escenarios de películas como El Señor de los Anillos.
Hoy en día, los puentes de raíces de Meghalaya son considerados un símbolo de sostenibilidad y respeto por el entorno. Más que simples caminos, representan la unión entre el ser humano y la naturaleza, un recordatorio de que la paciencia y la creatividad pueden dar lugar a obras que desafían el tiempo. Sin duda, son uno de los tesoros más fascinantes de la India y un ejemplo de cómo la tradición puede convivir con la modernidad.
Fuente: wikipedia.org


