El proyecto concentró promesas millonarias, respaldo político y visibilidad internacional. Quince años después, el complejo permanece inconcluso, sin operación integral verificable, y se ha convertido en un caso emblemático de capital anunciado que nunca se desplegó plenamente.
SANTO DOMINGO. – Era el 30 de diciembre de 2008 cuando el sector inmobiliario dio la bienvenida a un ambicioso proyecto: Punta Perla Caribbean Golf, Marina & Spa Resort, cuyo primer picaso para dar paso al inicio del mismo fue ejecutado por el entonces presidente de la República, Leonel Fernández y el príncipe Alberto II de Mónaco, además de los inversionistas e invitados de altísimo rango empresarial y social.
La promesa fue que sería un desarrollo turístico-inmobiliario en Cabeza de Toro, Punta Cana, con una inversión aproximada de US$2,500 millones de dólares, para desarrollar 8,800 unidades residenciales, cuatro hoteles boutique, tres campos de golf y una marina interna, en un terreno de 10.2 millones de metros cuadrados con 3.5 kilómetros de frente de playa.
Las expectativas fueron muchos sobre su impacto económico y la proyección internacional del destino resort.
Acuerdo con China y el financiamiento
En octubre de 2010, el Ministerio de Turismo dominicano anunció que el Banco de China y el Banco de Comercio Exterior de China habían acordado financiar con US$462 millones la conclusión de la primera etapa de Punta Perla, definiéndola como “la primera inversión de capitales chinos en el país” destinada a infraestructura inmobiliaria y turística.
El acuerdo fue estructurado por el fondo de inversiones Thon Yung con la participación de empresas de ingeniería y construcción como IPPR y Jiang Xi Zhong, y fue presentado por el ministro de Turismo de entonces, Francisco Javier García.
Un mal momento

Master Plan de Punta Perla. (Fuente externa).
Punta Perla fue concebido y anunciado en un punto de quiebre del sistema financiero internacional, que a partir de septiembre de 2008 restringió severamente el crédito global y afectó la viabilidad de proyectos inmobiliarios de gran escala en múltiples mercados.
A pesar del anuncio de financiamiento, el proyecto no arrancó en su concepto original de operación integral, pero tampoco terminó completamente en los plazos planteados hace quince años.
Si bien ejecutivos del proyecto señalaron en intervenciones posteriores que las dificultades fueron superadas y que se trabajarían fases pendientes (incluyendo vías de acceso, Club de Playa y hotel boutique), no existe evidencia pública actual de que Punta Perla opere como un resort totalmente desarrollado con todos sus componentes principales activos y funcionando según lo planificado originalmente.
Reportes técnicos de la época señalan que, incluso años después del acuerdo chino, la ejecución física del proyecto mantuvo una presencia limitada de obras de infraestructura, y muchas de las fases declaradas originalmente, incluidos campos de golf adicionales, hoteles en operación y unidades residenciales amplias listas para entrega, quedaron en estado de avance incompleto o con estatus incierto de ejecución plena.
Qué se construyó realmente
El proyecto avanzó en varias etapas menores:
• Preparación de vías de acceso y campamentos de obra en los terrenos.
• Construcción de algunas unidades de modelo para venta y preparación de infraestructura básica.
• Inicio de partes de la marina interna y obras preliminares de campos deportivos, aunque no conformaban un complejo turístico funcional completo.
Pese a los anuncios de continuidad por parte de sus promotores, no hay registros verificables de una inauguración comercial integral del resort ni de una operación hotelera total bajo ese esquema.
En mayo de 2009, la prensa reseñó que los arquitectos responsables del desarrollo, Esteban Becerrill y Ramón Ramírez de la firma B+R Arquitectos Asociados, aseguraron que la primera etapa de Punta Perla, incluidas aproximadamente 1,200 unidades residenciales y obras clave de infraestructura, estaría concluida en 24 meses, y que “todos los medios técnicos y económicos necesarios” estaban disponibles para cumplir ese objetivo, manteniendo el diseño maestro original de 8,500 a 8,800 unidades con campos de golf, marina y hoteles de lujo.
En agosto de 2010, tras paralizaciones atribuibles al impacto de la crisis financiera internacional, el empresario español Ricardo Miranda Miret, presidente del proyecto Punta Perla, reconoció públicamente que la obra había enfrentado paralizaciones, pero aseguró que esas dificultades “han sido superadas” y que en las próximas semanas se reanudaría la ejecución para terminar y entregar las propiedades en los plazos previstos en los contratos de venta.
Quince años después
La inversión de US$462 millones anunciada en 2010 fue un momento muy citado en la relación económico-financiera entre el país y China, destacada en Diario Libre como un antecedente histórico de financiamiento bilateral.

El primer picazo lo dio el entonces presidente Leonel Fernández. (Fuente externa).
Sin embargo, a más de quince años de ese anuncio no hay evidencia de que ese financiamiento se haya traducido en una operación plena del proyecto o el desarrollo de infraestructura inmobiliaria sostenible a la escala propuesta.
Reportes académicos han llegado incluso a calificar el intento como frustrado o no concretado en la práctica. En el estudio “La República Dominicana y la República Popular China: intercambio, comercio e inversión”, publicado por la investigadora Yuan Li cpn el respaldo de la Global Foundation for Democracy and Development (GFDD), como parte de su Serie Estudios y Reflexiones, se analiza la relación económico-comercial entre ambos países y se señala que el anuncio de inversión para el proyecto Punta Perla, aunque ampliamente difundido, no se concretó en el nivel proyectado, describiendo el intento como frustrado en la práctica, sin que se cumplieran las expectativas de desarrollo proyectadas.
Contexto actual del sector inmobiliario residencial y turístico
Mientras Punta Perla no ha culminado su construcción ni opera plenamente como resort, el mercado inmobiliario dominicano ha continuado su expansión con otros proyectos, muchos de ellos independientes, activos y comercializados en zonas como Cap Cana, Bávaro y White Sands.
En paralelo, inversiones sustanciales siguen llegando al país en forma de desarrollos como Cruise On Land Punta Cana, una iniciativa que contempla más de USD 700 millones en capital extranjero para un complejo con alrededor de 6,000 habitaciones y espacios de entretenimiento, trabajo y ocio, que se proyecta desarrollar en los próximos cinco años con generación estimada de hasta 12,000 empleos en operación plena.
El caso de Punta Perla representa un ejemplo paradigmático del desafío que enfrentan los mega proyectos turísticos e inmobiliarios ante realidades de financiamiento, ciclos económicos internacionales y ejecución local.
Los anunciados US$462 millones de capital chino en 2010 marcaron una oportunidad emblemática para la introducción de capital asiático en el sector inmobiliario dominicano, pero 15 años después no se ha traducido en un desarrollo inmobiliario terminado y operacional en la escala originalmente prometida.


