Por qué la tasación no siempre coincide con el valor final de venta
La diferencia entre el valor de tasación y el precio final de venta es uno de los temas que más confusión genera entre propietarios. Aunque ambos conceptos se relacionan, representan realidades distintas dentro del mercado inmobiliario.
La tasación es un documento técnico. Su objetivo es estimar el valor que un inmueble podría alcanzar bajo condiciones ideales: un mercado estable, un comprador informado, un vendedor sin prisa y un inmueble en estado óptimo. Es una referencia profesional, no una garantía de venta.
Según el portal especializado Rustomjee, el valor tasado refleja “el monto más probable en un escenario equilibrado”, lo que significa que se calcula bajo supuestos que rara vez coinciden con las circunstancias reales de una negociación. Por eso, interpretarlo como precio final suele generar expectativas poco realistas.
En la práctica, el mercado funciona con otra lógica. Los compradores comparan, negocian, evalúan tiempos, revisan reparaciones pendientes y consideran alternativas. El precio final no depende de un informe, sino de lo que la demanda está dispuesta a pagar en ese momento específico.
Además, el portal destaca que la vida real introduce variables que la tasación no contempla: mudanzas urgentes, herencias que deben resolverse, divorcios, presiones financieras o inmuebles que requieren mejoras. Estos factores influyen directamente en la velocidad y el precio al que una propiedad puede venderse.
El precio final también está condicionado por las ventas recientes en la zona. Los comparables propiedades similares que ya se vendieron son el indicador más confiable para determinar cuánto pagará el mercado. Ningún comprador ofrece más de lo que otros ya pagaron por opciones equivalentes.
Otro elemento clave es el tiempo disponible. Un propietario que necesita vender rápido no puede aspirar al mismo precio que uno que puede esperar meses. El tiempo es un componente económico: a menor plazo, mayor presión sobre el precio.
Por eso, cuando un agente presenta datos reales ventas cerradas, precios pagados, tiempos de mercado no está “bajando el valor” del inmueble. Está alineando la expectativa del propietario con el comportamiento actual del mercado, que es el único que realmente define el precio final.
La tasación sigue siendo útil, pero debe entenderse como una referencia técnica, no como una cifra definitiva. El precio final es el resultado de una negociación real, con personas reales, en un mercado que cambia semana a semana.
En definitiva, vender bien no significa vender al valor tasado. Significa vender al valor que el mercado está dispuesto a pagar hoy. Y esa diferencia, bien entendida, evita retrasos, frustraciones y oportunidades perdidas.
Fuente: Rustomjee.com
Foto: Pavel Danilyuk/Pexels.


