Para el Banco Central, la provisión de liquidez busca garantizar que el sistema financiero cuente con recursos para prestar, especialmente a sectores intensivos en empleo y encadenamientos productivos, como la construcción, pero no implica que el crédito fluya con la misma intensidad hacia los proyectos inmobiliarios.
SANTO DOMINGO. – Mientras la atención pública suele concentrarse en si el Banco Central de la República Dominicana (BCRD) sube o baja la tasa de política monetaria, hay un componente menos visible pero clave para el sector construcción: los programas de provisión de liquidez y su efecto real sobre el crédito.
En 2025, la República Dominicana enfrentó un año económicamente desafiante para la construcción. Aunque hubo momentos de crecimiento sectorial puntuales, el saldo global del año fue negativo o, en el mejor de los casos, moderado según las mediciones de actividad económica, reflejando una desaceleración generalizada del dinamismo constructivo.
El reto de convertir liquidez en obra
El desempeño del sector construcción en 2025 ofrece el contexto necesario para entender por qué la política monetaria del Banco Central de la República Dominicana no siempre se traduce, de forma inmediata, en mayor actividad inmobiliaria.
De acuerdo con el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), la construcción fue uno de los sectores con mayor volatilidad durante 2025, alternando períodos de crecimiento con meses de contracción interanual.
El propio Banco Central ha señalado, en sus informes de coyuntura, que el sector no logró mantener un ritmo sostenido a lo largo del año, reflejando un entorno de inversión más cauteloso.
Este comportamiento contrasta con el peso estratégico de la construcción en la economía nacional, tanto por su aporte al empleo como por sus encadenamientos con industrias clave como cemento, acero, transporte y servicios profesionales.
La construcción es, por naturaleza, altamente dependiente del crédito. Proyectos de mediano y largo plazo requieren condiciones financieras estables, previsibles y competitivas, por lo que las decisiones de política monetaria tienen un impacto directo sobre la dinámica del sector, aunque no siempre inmediato.
Durante 2025, el Banco Central mantuvo una política orientada a preservar la estabilidad macroeconómica, en un contexto internacional todavía restrictivo. En ese marco, se adoptaron medidas para asegurar niveles adecuados de liquidez en el sistema financiero, con el objetivo de apoyar la actividad económica sin comprometer el control de la inflación.
Sin embargo, la existencia de liquidez no garantiza automáticamente un mayor flujo de crédito hacia la construcción.
Uno de los aspectos menos abordados en la cobertura económica es la diferencia entre liquidez disponible y crédito efectivamente canalizado a proyectos constructivos.
Aunque el sistema financiero cuente con recursos, las entidades bancarias evalúan el financiamiento a la construcción bajo criterios prudenciales estrictos: riesgo del proyecto, nivel de preventas, garantías, plazo y capacidad de absorción del mercado.
En la práctica, esto se traduce en condiciones de financiamiento que muchos desarrolladores perciben como “exigentes”, especialmente en proyectos medianos y pequeños, por lo que la transmisión de la política monetaria hacia el sector, tiende a ser más lenta y selectiva.
Otro punto clave es la brecha entre la tasa de política monetaria y las tasas efectivas que enfrentan los constructores. La tasa del Banco Central establece el marco general, pero el costo final del crédito incorpora primas de riesgo, estructura del proyecto y condiciones específicas del mercado inmobiliario.
Para un sector con márgenes ajustados y ciclos largos, esa diferencia es determinante, porque pequeñas variaciones en el costo financiero, pueden redefinir la viabilidad de una obra, alterar su cronograma o postergar su inicio.
El comportamiento irregular del sector en 2025 se ha reflejado en decisiones de inversión más conservadoras: proyectos escalonados por etapas, revisión de metrajes, ajustes de precios y mayor énfasis en preventas antes de iniciar obra.
Desde esta perspectiva, la política monetaria influye menos por el anuncio de tasas y más por la forma en que se traduce en crédito oportuno y predecible. Para los constructores, el debate no es si la política monetaria ha sido correcta en términos macroeconómicos, sino qué tan efectiva ha sido su transmisión hacia el financiamiento productivo.
En un año como 2025, marcado por la moderación de la actividad constructiva, el desafío está en lograr que los instrumentos monetarios disponibles lleguen con mayor eficacia a proyectos viables, sin comprometer la estabilidad financiera.
Más que liquidez en abstracto, la construcción necesita crédito alineado con sus ciclos, sus riesgos y su papel estratégico en la economía. Ese es el ángulo que aún sigue pendiente en la agenda pública, y que resulta clave para pensar la recuperación del sector hacia 2026.


