La economía dominicana se prepara para otro año de expansión. El Banco Central proyecta que el país crecerá un 5% en 2026 con una inflación controlada, un escenario que suele asociarse con nuevas inversiones, más actividad productiva y mayor dinamismo empresarial. Sin embargo, detrás de esa expectativa hay un factor que empieza a ganar protagonismo. La necesidad de proteger y mantener la infraestructura ya existente.
El tema ha cobrado relevancia en un contexto donde el Gobierno ha presupuestado un gasto de capital de RD$215,284 millones, alrededor del 2.5% del PIB, con una prioridad clara de reforzar los activos existentes para garantizar su operatividad en el tiempo. Esto porque las carreteras, parques industriales, centros logísticos, redes eléctricas y complejos comerciales forman la base sobre la que se mueve la economía. Cuando estos activos funcionan de manera eficiente, el crecimiento fluye, pero si fallan, los costos pueden ser muy altos.
Cuidar los activos para sostener la expansión
El enfoque no es casual. Desde el Estado se ha comenzado a tratar la resiliencia de la infraestructura crítica como un componente de seguridad nacional, mientras el sector energético avanza con planes para consolidar una reserva de 2,000 megavatios que respalde la demanda futura.
En paralelo, la estrategia industrial apunta a fortalecer el nearshoring, especialmente en zonas francas que ya aportan más de US$7,900 millones a la economía dominicana. Para estos parques productivos, la continuidad operativa debe preveer que cualquier interrupción impacta las cadenas de suministro, exportaciones y empleo.
En ese escenario, la tecnología empieza a jugar un rol más visible. Antonio Pérez, gerente general de Grupo EULEN en República Dominicana y Panamá, explica que “la tecnología de mantenimiento predictivo con IA permite a las industrias locales optimizar su consumo energético en un 15%, apoyando directamente las metas de descarbonización del país”.
La lógica es sencilla: anticipar fallas cuesta menos que corregirlas cuando ya afectan la producción.
De gasto operativo a decisión estratégica
El cambio también es financiero. Tradicionalmente, el mantenimiento se veía como un gasto inevitable; hoy comienza a interpretarse como una inversión que aporta estabilidad a largo plazo.
“Nuestra misión en 2026 es convertir el mantenimiento en una inversión, no en un gasto. Al centralizar servicios bajo nuestro modelo de Facility Services, las empresas eliminan costos ocultos y transforman costos variables en fijos y predecibles”, sostiene Pérez.
La afirmación conecta con un momento económico en el que la inversión extranjera directa y la estabilidad cambiaria continúan siendo motores relevantes para el país. Para los inversionistas, la confiabilidad de la infraestructura suele ser tan importante como los incentivos fiscales o la ubicación geográfica.
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