SANTO DOMINGO.- Luis Wolfgang Castillo es un dominicano de origen cibaeño que aprendió desde muy joven que el trabajo, la responsabilidad y la buena reputación son cimientos tan sólidos como cualquier obra arquitectónica.
Nacido y criado en Bonao, recuerda que su formación comenzó en un hogar donde la disciplina tenía el rostro de dos maestros de carrera: sus padres, respetados en su comunidad y dueños de un colegio levantado con esfuerzo desde finales de los años sesenta.
Herencia, vocación y destino se unieron temprano. Su padre fue aspirante a arquitecto y quien no pudo estudiar la carrera por las limitaciones económicas de su época. Wolfgang de manera natural se inclinó por igual carrera, tanto que antes de cumplir los cinco años, ya dibujaba planos infantiles sin saber que aquel juego marcaría el rumbo de una prolífera carrera.
Al finalizar el bachillerato, se trasladó a Santo Domingo para iniciar la carrera en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), apoyado por una beca obtenida gracias a su alto rendimiento académico. Sin embargo, la vida universitaria en una ciudad desconocida puso a prueba esa ventaja: una materia de 7:00 a.m. le costó la ayuda. Fue entonces cuando decidió emprender para generar ingresos y costear sus estudios. Empezó dibujando planos, luego digitalizándolos, y finalmente convirtiéndose en un pequeño proveedor de servicios arquitectónicos desde su propia casa.
En su trayectoria trabajó tres meses en una firma de arquitectura, aunque rápidamente comprendió que su mejor camino era independiente. Compró su primer plotter, montó un estudio improvisado, comenzó a contratar personal y más tarde formalizó una oficina que creció hasta convertirse en referencia para ingenieros y arquitectos que requerían servicios de diseño, copiado e impresión.
Para el actual CEO de la desarrolladora Cruise On Land, el crecimiento reveló un límite. Wolfgang sintió que, pese al éxito, su potencial estaba atrapado en un techo que él mismo había construido. Inspirado por el libro La Vaca, de Camilo Cruz, decidió “matar su propia vaca”: desmontó poco a poco el negocio que le daba estabilidad para obligarse a buscar nuevas oportunidades. Comenta que fue un proceso largo, de cinco años, en el que apagó intencionalmente su operación hasta quedarse solo, diseñando desde una oficina reducida y sin el rumbo claro de lo que vendría.
La señal llegó el día menos esperado. Samuel Lozada, antiguo cliente, apareció en su oficina tras una varios años sin contacto. Aquella visita, primero casual y luego recurrente, abrió espacios de conversación, ideas y visiones compartidas. Sin buscarlo, Wolfgang encontró en Samuel el socio que complementaba su potencial y viceversa.
Tomados de la mano, iniciaron una nueva etapa: proyectos pequeños, fracasos iniciales, planes que no avanzaban, aprendizajes duros y también la primera gran oportunidad: un desarrollo de 300 apartamentos que marcó el inicio de su verdadera carrera en el sector inmobiliario. Ese proyecto —Balcones del Norte— les permitió elevar el estándar residencial de la zona y comprobar que podían transformar comunidades completas.
Con esa experiencia surgió la inquietud que años después daría vida a Cruise On Land: ¿cómo ofrecer más, cómo pensar distinto, cómo diseñar desarrollos que rompieran moldes? Esa pregunta, sumada a la visión que lo acompaña desde que dibujaba planos en Bonao, es la que hoy define a Luis Wolfgang Castillo, un CEO que se hizo arquitecto antes de ser empresario, y soñador antes de ser líder y que junto a Samuel Lozada construye actualmente un macroproyecto que redefinirá el desarrollo urbano en la región Este del país, asegurando su capítulo en la historia de la República Dominicana.
Publicado originalmente en El Inmobiliario impreso.


