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Sand Castle: el fantasma de un castillo dorado en el Atlántico

SANTO DOMINGO. – En un rinconcito de la costa atlántica, donde el mar golpea con fuerza los acantilados coralinos, en la ensenada Puerto Chiquito, la silueta de un castillo gigante se recuesta contra el cielo limpio.

Sus paredes desvencijadas no brillan como en su época dorada, no hay puertas y ventanas que frenen la brisa y ya no luce el color arena cálido que cubría toda la arquitectura de estilo tropical, con influencia mediterránea.

El Hotel Sand Castle era un conjunto sencillo y funcional formado por edificios de apenas tres plantas, pensado para integrarse con la costa y el entorno natural. Más que imponer una forma rígida, parecía moverse con la brisa, su contorno simulaba olas y se adaptaba a las irregularidades del terreno.

No era un castillo en sí mismo, pero cuántas adolescentes celebraron sus 15 años en aquel Castillo de Arena con muchos balcones y terrazas abiertas que convocaban al mar.

El faro de lujo sobre el Atlántico

Así lucía Sand Castle en su época dorada. (Recreación por medios digitales).

Aún se habla de la inauguración y la presentación de La Toya Jackson, en 1988, y el “bombo” de ser el primer resort dominicano con 5 estrellas, un ícono destinado a marcar la entrada de Puerto Plata en la liga de los grandes destinos caribeños.

Esa noche es recordada como un espectáculo de glamour y promesa: luces, música y la sensación de que el turismo dominicano entraba en una nueva era.

En sus años de esplendor, el Sand Castle ofrecía una experiencia, mucho antes de que se acuñara el término mercadológico. Era más que alojamiento en 230 habitaciones, 20 locales comerciales, tres restaurantes, cinco bares, dos piscinas y dos centros de convenciones.

Sus salones respiraban cosmopolitismo y su modelo “todo incluido” era pionero en la región, junto con Playa Dorada.

Familias y parejas llegaban atraídas por la promesa de unas vacaciones de ensueño, en un entorno que combinaba lujo tropical con vistas infinitas al océano, aunque también se veía la desembocadura del río Sosúa.  

Sosúa, con su mezcla de raíces locales y comunidades europeas y norteamericanas, que habían hecho del lugar un enclave cosmopolita desde los años 40, ofrecía el escenario perfecto para este experimento hotelero.

El ocaso de un ícono

Tras una década de operatividad exitosa, a finales de los años 90, el hotel enfrentó dificultades financieras, cambios de propiedad y un intento fallido de relanzamiento bajo la marca Qualton Club. Era 1999 y la operación se planteaba como timeshare (tiempo compartido) tampoco prosperó, en parte por la falta de regulación en el país.

El entorno tampoco ayudaba: El Río Sosúa estaba cada vez más contaminado y a las aguas de la playa La Boca o Puerto Chiquito cada vez llegaban más desechos y excremento, por lo que Sand Castle fue perdiendo calidad.

De igual modo el entorno se volvió inseguro y a los turistas ya no les gustaba tanto pernoctar allí. Poco a poco perdió atractivo, hasta cerrar definitivamente a mediados de 2003.

Ruinas con memoria

Recreación por medios digitales de las ruinas de Sand Castle.

Las crónicas dan cuenta de que tras el cierre la propiedad permaneció abandonada mucho tiempo y sus muebles fueron desmantelados, la estructura sin mantenimiento quedó expuesta a la crueldad del tiempo y la intemperie, al punto que hoy las raíces invaden los pasillos.

Algunos exploradores urbanos y nostálgicos, que buscan revivir la memoria de aquel símbolo de prosperidad, se aventuran a entrar a la propiedad y tomar fotografías de aquella imponente estructura que evoca romanticismo, aún desde su avanzado deterioro.

El hotel, más que ruinas, es un archivo de historias: el tintinear de copas al atardecer, las melodías que se mezclaban con el viento, las risas que se confundían con el rugido del mar.

El Sand Castle es, en cierto modo, un monumento al recuerdo. Representa tanto las oportunidades perdidas como la ambición de un turismo que soñó con elevar a Puerto Plata al nivel de Cancún o Punta Cana.

Residentes y activistas locales han pedido la rehabilitación del sitio, convencidos de que la provincia merece rescatar sus joyas históricas. Bajo el entendido de que, detrás de las ruinas, aún late la posibilidad de un renacer: que el espíritu del Sand Castle vuelva, transformado, a mirar al Atlántico con la misma audacia de 1988.

Y quién sabe, hay un portal inmobiliario que tiene la propiedad a la venta, por 16 millones de dólares.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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