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El modelo dominicano de turismo inmobiliario se consolida más allá de los hoteles en FITUR 2026

Los proyectos inmobiliarios vinculados al turismo representan alrededor del 42% del total de las inversiones turísticas registradas, con compromisos que superan los US$4,500 millones.

SANTO DOMINGO. – Aunque FITUR no es una feria inmobiliaria en sentido estricto, la edición 2026 muestra con claridad una transformación silenciosa en la estrategia turística de la República Dominicana: el avance del turismo inmobiliario como componente estructural del modelo de inversión del país.

No se trata de una tendencia discursiva ni de una categoría improvisada, sino de una realidad que se desprende de los datos oficiales, de la política pública y de las declaraciones de las propias autoridades del sector.

De acuerdo con el Banco Central de la República Dominicana, el turismo aporta más del 30% de las divisas que ingresan al país y lidera, junto con remesas y zonas francas, la estabilidad del sector externo, manteniéndose como uno de los principales motores de la economía nacional.

En ese contexto, la inversión extranjera directa en turismo ha sido la de mayor peso relativo en los últimos años, superando los US$4,000 millones anuales, según cifras oficiales de balanza de pagos y ese flujo de capital no se ha concentrado únicamente en hoteles tradicionales.

Una proporción creciente se dirige a proyectos inmobiliarios de vocación turística, que integran residencias, rentas de corta estancia, servicios y, en muchos casos, marcas hoteleras internacionales, en proyectos exclusivos y de ultra lujo.

El peso económico del turismo inmobiliario dentro del flujo de capital hacia la República Dominicana es cuantificable. De acuerdo con datos del Ministerio de Turismo, los proyectos inmobiliarios vinculados al turismo representan alrededor del 42% del total de las inversiones turísticas registradas, con compromisos que superan los US$4,500 millones dentro de un universo de más de US$10,700 millones en proyectos aprobados.

Esta proporción confirma que el capital que llega al sector no se concentra exclusivamente en hoteles tradicionales, sino que se canaliza de manera creciente hacia desarrollos mixtos que combinan alojamiento, residencias y servicios turísticos.

Desde la óptica macroeconómica, las cifras del Banco Central de la República Dominicana correspondientes a 2025 confirman la continuidad del patrón de concentración sectorial de la inversión extranjera directa.

En el primer semestre de 2025, la IED ascendió a US$2,892.8 millones, lo que supuso un crecimiento interanual de 15.3% y el propio Banco Central señaló que turismo y energía se mantuvieron entre los principales receptores de esos flujos, mientras que el sector inmobiliario continuó figurando entre las actividades con mayor dinamismo asociado a la captación de capital extranjero.

En conjunto, turismo e inmobiliario absorbieron 43.3% de todos los flujos de inversión extranjera directa recibidos por el país en ese período, lo que evidencia la centralidad de estos sectores dentro de la estrategia de captación de capital y, en particular, el peso del componente inmobiliario asociado al turismo.

Esta composición del capital explica por qué el turismo inmobiliario ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en un pilar silencioso del modelo turístico dominicano.

La magnitud de los montos involucrados, la participación creciente dentro de la inversión turística y su peso dentro de la IED total confirman que se trata de un segmento estructural, con impacto directo en el desarrollo territorial, la construcción, el empleo y la generación de divisas, y no de una tendencia coyuntural asociada únicamente al auge de segundas residencias.

El propio Ministerio de Turismo ha reconocido que los proyectos inmobiliarios representan una parte significativa de las inversiones turísticas registradas, superando el 40% del total en años recientes, lo que confirma el peso del segmento dentro del ecosistema turístico.

La viceministra técnica del Ministerio de Turismo, Jacqueline Mora, ha abordado este fenómeno de forma directa. En declaraciones recogidas por medios especializados, Mora afirmó que “el lujo es un impulso para el turismo inmobiliario en República Dominicana”, al referirse al desarrollo de residencias de marca vinculadas a cadenas hoteleras internacionales como parte de la evolución natural del producto turístico local.

La funcionaria explicó que este tipo de proyectos atrae a un visitante de alto poder adquisitivo, interesado no solo en vacacionar, sino en invertir y establecer una relación más permanente, y de negocios, con el destino.

Mora también ha señalado que el mercado global de residencias de marca podría movilizar decenas de miles de millones de dólares en la próxima década, y que la República Dominicana se encuentra bien posicionada para captar parte de ese capital, gracias a su conectividad aérea, estabilidad macroeconómica y experiencia acumulada en el desarrollo turístico.

Desde el sector privado, la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana, Asonahores, ha planteado que el crecimiento debe orientarse hacia la diversificación del producto y la integración con otros sectores económicos. La inclusión del negocio inmobiliario turístico en Fitur revela que esta opción está funcionando.

En distintos pronunciamientos institucionales, el gremio ha insistido en que el país ha superado la fase de expansión acelerada de habitaciones y que el reto actual es elevar la calidad de la inversión, fortalecer los encadenamientos productivos y asegurar la sostenibilidad del modelo.

FITUR 2026 encaja en esa lógica como un espacio de articulación estratégica, pues más que una vitrina de venta inmediata, funciona como punto de encuentro entre promotores, fondos de inversión, banca internacional y autoridades públicas.

Para la República Dominicana, es el escenario donde se validan proyectos, se estructuran alianzas y se mide el apetito del capital europeo por desarrollos turísticos con componente inmobiliario.

Los datos del Banco Central refuerzan esta lectura cuando dice que el crecimiento sostenido del crédito al sector turismo y construcción es un indicador de que los proyectos cuentan con respaldo financiero formal y evaluación de riesgo, un elemento clave para poner distancia entre el turismo inmobiliario estructurado y la simple especulación.

A esto se suma el perfil del comprador extranjero, que busca cada vez más activos inmobiliarios con capacidad de generar renta, en un entorno regulado y con perspectivas de largo plazo.

A diferencia de otros destinos del Caribe, la República Dominicana ofrece escala, continuidad institucional y un marco de planificación definido por instrumentos como la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 y el Plan Meta 2036, que priorizan la sostenibilidad, la planificación territorial y la atracción de inversión con impacto duradero.

En FITUR 2026, el país no promociona abiertamente el turismo inmobiliario como concepto, pero sí presenta un ecosistema donde turismo e inversión inmobiliaria avanzan de manera integrada.

Este modelo gana peso sin grandes titulares porque responde a una lógica económica respaldada por datos, política pública y decisiones de mercado.

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Solangel Valdez
Solangel Valdez
Periodista, fotógrafa y relacionista. Aspirante a escritora, leedora, cocinadora y andariega.
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