WASHINGTON, D.C.- Una poderosa tormenta invernal de varios días comenzó a extenderse este viernes por amplias zonas de Estados Unidos, colocando bajo alerta a más de 170 millones de personas, cerca de la mitad de la población del país. El sistema, descrito por el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) como uno de los más peligrosos de la temporada, combina fuertes nevadas, lluvia helada, aguanieve y una masa de aire ártico que podría mantener temperaturas extremas durante toda la próxima semana.
El fenómeno no solo representa un desafío climático, sino también un riesgo estructural. Expertos advierten que el peso del hielo acumulado en cables eléctricos, árboles y edificaciones puede generar daños comparables a los de un huracán, provocando apagones prolongados, interrupciones en los servicios básicos y afectaciones a la movilidad urbana.
Un sistema que avanza de sur a norte
Texas y Oklahoma se ubicaron entre los primeros estados golpeados por la tormenta, con carreteras cubiertas de hielo y nieve que complicaron el tránsito y obligaron a las autoridades a desplegar operativos de emergencia. El NWS anticipa que el sistema se desplazará desde las Montañas Rocosas del Sur hasta Nueva Inglaterra, afectando un corredor que incluye a grandes centros urbanos como Chicago, Washington, Nueva York y Boston.
Tras el paso de la tormenta principal, una masa de aire ártico avanzará desde las Llanuras del Sur hasta el Noreste, prolongando el frío extremo y manteniendo el riesgo de congelación de infraestructuras, carreteras y sistemas eléctricos.
En estados como Minnesota y Dakota del Norte, la sensación térmica podría descender hasta los -46 grados Celsius, niveles que representan un peligro inmediato para la vida humana si no se toman las precauciones necesarias.
Impacto inmediato en el transporte aéreo
El primer gran impacto visible se registró en el transporte aéreo. Más de 800 vuelos fueron cancelados o retrasados el viernes en aeropuertos clave como Dallas, Atlanta y Oklahoma, según datos de la plataforma FlightAware. La cifra podría aumentar a medida que la tormenta avance hacia el este del país.
Para la industria aérea y logística, este tipo de eventos climáticos extremos no solo implican pérdidas operativas, sino también una presión adicional sobre aeropuertos, cadenas de suministro y planes de contingencia. La acumulación de cancelaciones genera un efecto dominó que afecta el tráfico nacional e internacional durante varios días.
Ciudades en modo emergencia
Las autoridades locales activaron protocolos especiales. En Oklahoma, el Departamento de Transporte aplicó salmuera en las carreteras y la Patrulla Estatal canceló los días libres de sus agentes para reforzar la asistencia a conductores varados. En Houston, empresas eléctricas anunciaron la disponibilidad de más de 3,300 empleados para responder a posibles fallas en el suministro.
“Esperamos lo mejor, pero estamos preparados para lo peor”, declaró el alcalde de Houston, John Whitmire, al confirmar que la ciudad se encuentra en máxima alerta ante eventuales apagones.
Los gobernadores de Georgia y Misisipi declararon estados de emergencia, mientras que en Alabama la demanda de generadores eléctricos se disparó. Supermercados en zonas como Dallas reportaron estantes vacíos de productos básicos, reflejando la ansiedad de la población ante posibles interrupciones prolongadas.
Escuelas cerradas y ciudades semiparalizadas
El sistema también obligó al cierre de escuelas en varias ciudades. En Oklahoma City se suspendieron completamente las clases y actividades escolares. En Houston, el sistema público educativo migró a la modalidad virtual, mientras que en Dallas se cancelaron todas las actividades extracurriculares.
En el norte del país, el frío extremo llevó a suspensiones académicas en Chicago y Des Moines, ante el riesgo de congelación en menos de diez minutos de exposición al aire libre.
Incluso estados del sur como Florida podrían experimentar temperaturas bajo cero, un fenómeno inusual que incrementa la vulnerabilidad de infraestructuras no diseñadas para climas extremos.


