SANTO DOMINGO.– La vivienda se ha convertido en el escenario principal de la vida contemporánea. Hoy el hogar es oficina, refugio emocional, espacio social y punto de conexión con el bienestar personal. Esta transformación está redefiniendo la manera en la que compradores, arquitectos y desarrolladores conciben el diseño residencial, impulsando una tendencia clara hacia espacios flexibles, funcionales y preparados para acompañar distintos estilos de vida.
De acuerdo con el informe The New Habitat 26/27, presentado por APE Grupo, el bienestar se consolida como la prioridad número uno en el diseño de espacios, incluso por encima de la estética y la funcionalidad tradicional. Más del 74 % de los profesionales de la arquitectura y el interiorismo afirma que el diseño tiene un impacto directo en la salud física y emocional de las personas. En consecuencia, la vivienda deja de ser solo una inversión inmobiliaria para convertirse en una herramienta de cuidado.
El hogar como espacio multifuncional
La casa ya no se concibe únicamente como un lugar para descansar. En 2026, la vivienda ideal integra trabajo remoto, ocio, actividad física, encuentros sociales y momentos de desconexión. Esta realidad impulsa el diseño de espacios multifuncionales, con ambientes que se transforman según la hora del día o la necesidad del momento.
El informe revela que un 32 % de los profesionales sitúa la inclusividad y la flexibilidad como los criterios más relevantes a la hora de diseñar viviendas. Esto se traduce en habitaciones que funcionan como oficina durante la semana y como sala de estar los fines de semana, cocinas que se convierten en centros sociales del hogar y terrazas que actúan como extensiones naturales del espacio interior.
Además, la inversión en diseño de espacios residenciales aumentará cerca de un 16 % el próximo año, mientras que el presupuesto destinado a soluciones sostenibles crecerá alrededor de un 20 %, lo que confirma que la vivienda flexible también es una vivienda consciente.
Terrazas, exteriores y bienestar cotidiano
Los espacios exteriores continúan ganando protagonismo. Balcones, patios, terrazas y jardines privados se han convertido en activos de alto valor para compradores e inversionistas. No solo aportan calidad de vida, sino que permiten integrar actividades como ejercicio, descanso, meditación o socialización sin salir del hogar.
Esta tendencia conecta con la visión de que el diseño ya no es únicamente decorativo, sino una herramienta estratégica para mejorar la salud mental, reducir el estrés y fortalecer la sensación de seguridad y control personal.
Vivir solo, vivir distinto
El crecimiento de los hogares unipersonales también está moldeando el mercado. Se estima que para 2030 una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 60 años, lo que incrementa la demanda de viviendas prácticas, adaptables y accesibles.
A esto se suma el auge de nuevas formas de convivencia como el modelo Living Apart Together, donde parejas mantienen relaciones estables viviendo en hogares separados, una modalidad que ha crecido cerca de un 25 %.
Arquitectura resiliente y preparada para emergencias
La vivienda del futuro no solo debe ser flexible, también resistente. Fenómenos climáticos extremos, apagones y crisis energéticas han puesto sobre la mesa la necesidad de una arquitectura de supervivencia. Esto implica el uso de materiales adaptativos, sistemas energéticos eficientes, soluciones de autosuficiencia y diseños que faciliten la recuperación rápida ante eventos naturales.
El diseño como inversión, no como gasto
El informe de APE Grupo también muestra un cambio profundo en la mentalidad del sector: hoy la rentabilidad del proyecto ocupa el tercer lugar en las prioridades, después del bienestar y la funcionalidad. Esto indica que generar valor inmobiliario ya no significa solo construir más, sino construir mejor.
A nivel global, la inversión en diseño crecerá un 18.3 % durante el 2026, y más de la mitad de los profesionales considera que la sostenibilidad será un criterio clave en el corto plazo. Los compradores, por su parte, están dispuestos a asumir un aumento promedio del 24.4 % en el presupuesto para integrar soluciones sostenibles en sus viviendas.
La vivienda como activo emocional y patrimonial
En este nuevo escenario, la casa deja de ser únicamente un activo financiero y se consolida como un activo emocional. Espacios que acompañan los cambios familiares, que facilitan el trabajo remoto, que permiten el autocuidado y que se adaptan a crisis o transformaciones sociales son hoy los más valorados.
La vivienda de 2026 no busca impresionar por su tamaño, sino por su inteligencia espacial. Es un hogar que escucha, responde y evoluciona junto a quienes lo habitan.


