SANTO DOMINGO.– La muerte de un trabajador en una obra en construcción en el sector Piantini ha vuelto a poner sobre la mesa un tema que suele quedar en segundo plano hasta que ocurre una tragedia: la seguridad laboral en la construcción. El hecho se produce en un momento en el que las cifras oficiales muestran la dimensión del desafío.
Entre 2007 y octubre de 2025, el Instituto Dominicano de Prevención y Protección de Riesgos Laborales registró 647,933 accidentes laborales y enfermedades profesionales, de los cuales el 83.08 % correspondió al sector privado y el 16.92 % al público, según el Consejo Nacional de Seguridad Social (CNSS).
Solo entre enero y octubre de 2025, se contabilizaron 43,249 accidentes laborales, y el 60.7 % de los casos involucró a hombres. Más allá del dato frío, la cifra deja ver una realidad cotidiana: miles de trabajadores se exponen a riesgos mientras levantan las estructuras que transforman el paisaje urbano.
Construir el país también implica riesgos
La construcción es uno de los sectores que más impulsa la economía dominicana y, al mismo tiempo, uno de los que más empleo genera, tanto formal como informal. Cada torre, edificio o proyecto implica una cadena de trabajo que conecta a cientos de personas. Sin embargo, esa misma intensidad operativa conlleva un nivel de exposición que no siempre es visible desde la calle.
A nivel mundial, la Organización Internacional del Trabajo estima que se producen al menos 60,000 accidentes mortales al año en la construcción, lo que representa cerca del 17 % de todas las muertes laborales. En República Dominicana, esta industria ocupa el segundo lugar con mayor incidencia de mortalidad por accidentes, y junto al sector industrial mantiene un aumento progresivo del riesgo laboral.
Especialistas del sector coinciden en que la mayoría de los accidentes no responde a la casualidad. Estudios indican que el 80 % está vinculado a fallas en la organización, planificación y control, mientras que el 20 % restante se relaciona con errores de ejecución. En otras palabras, muchas de estas situaciones pueden prevenirse.
La prevención como primera línea de defensa
Frente a este escenario, la prevención se convierte en una herramienta tan importante como el casco o el arnés. Un informe de Seguros SURA habla sobre algunas medidas básicas —pero determinantes— como almacenar correctamente los materiales, mantener despejadas las áreas de tránsito, revisar cables y andamios, utilizar equipos de protección y capacitar a los trabajadores pueden marcar la diferencia entre una jornada normal y un accidente.
Incluso el mercado asegurador ha comenzado a responder a esta realidad con soluciones dirigidas a quienes trabajan en obra. Los seguros de accidentes personales, por ejemplo, contemplan cobertura médica, indemnizaciones por incapacidad, respaldo económico en caso de fallecimiento y apoyo para gastos funerarios, además de asistencia en situaciones de hospitalización o traslado de emergencia.
Más que un complemento, estas herramientas reflejan cómo la gestión del riesgo se ha convertido en una conversación cada vez más presente dentro del sector.
Cuando la supervisión se vuelve necesaria
El debate también pasa por el cumplimiento de las normas. El Ministerio de Trabajo informó que, tras operativos especiales en el Distrito Nacional, 15 torres fueron paralizadas de un total de 33 inspeccionadas por presentar condiciones que ponían en peligro la integridad de los trabajadores.
Las jornadas —realizadas en 41 empresas— derivaron en 380 actas: 304 advertencias por incumplimientos y 76 infracciones relacionadas con la falta de comités de seguridad, señalización, equipos de protección personal, botiquines y extintores, entre otras irregularidades.
El ministro de Trabajo, Eddy Olivares, ha señalado que tanto los trabajadores como el entorno donde se levantan las edificaciones deben contar con las condiciones necesarias para prevenir cualquier tipo de accidente. Las inspecciones, explicó, buscan crear conciencia y conducir a los constructores a cumplir estrictamente las normas de seguridad y salud.
Durante una de estas supervisiones se presenció la caída de un trabajador —sin consecuencias graves— al no contar con las herramientas de protección adecuadas, un episodio que evidenció la importancia de aplicar el Reglamento 522-06, el cual obliga al empleador a proteger al trabajador frente a riesgos laborales y permite paralizar actividades cuando exista un peligro inminente.
El riesgo no termina al salir de la obra
La seguridad laboral tampoco se limita al perímetro de un proyecto. Entre 2020 y 2024, el IDOPPRIL reportó 48,293 accidentes en trayecto, es decir, ocurridos mientras el trabajador se desplazaba hacia o desde su lugar de trabajo. Por estos eventos, el sistema ha desembolsado más de RD$5,121 millones a los afiliados.
El dato amplía la conversación: proteger al trabajador implica mirar no solo el espacio donde se construye, sino todo lo que rodea la jornada laboral.
Más allá de la tragedia
La muerte del obrero en Piantini llega en un momento en que el crecimiento urbano avanza a un ritmo sostenido y la construcción sigue siendo un pilar de la actividad económica. Pero también recuerda que detrás de cada estructura hay personas cuya seguridad depende de la planificación, la supervisión y el cumplimiento de las normas.
Las cifras, las inspecciones y las recomendaciones técnicas apuntan en una misma dirección: reducir los accidentes no es únicamente una meta regulatoria, sino una condición necesaria para que el desarrollo sea verdaderamente sostenible.
Porque mientras el país continúa construyendo su futuro en concreto y acero, el gran desafío sigue siendo asegurar que cada trabajador pueda regresar a casa al final de la jornada.
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