El turismo dominicano bate récords de gasto y llegadas, pero más del 70% de lo que gasta un visitante extranjero se queda dentro del hotel
SANTO DOMINGO. – Los datos del Banco Central y del Consejo Mundial de Viajes revelan una paradoja: el modelo que mejor funciona para los grandes operadores es el que menos derrama hacia la economía local.
Cuando el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), proyectó en 2025 que el sector turístico aportaría más de US$21,100 millones a la economía dominicana, equivalente al 15.8% del PIB, el titular fue celebrado, sin que en los titulares apareciera la otra cara de ese número: de esos miles de millones, la mayor parte nunca sale de la caja registradora del resort.
La Encuesta de Gasto Turístico del Banco Central de la República Dominicana lo documenta con precisión: en 2018, último año con datos desagregados publicados, los turistas extranjeros no residentes concentraron más del 70% de su consumo en alojamiento, comidas y bebidas dentro del complejo hotelero.
El gasto en transportación local, el taxi, el motoconcho, la excursión con un guía independiente, representó en promedio US$140 por viaje y el resto, más de US$1,000 por estadía, se quedó adentro.
La geometría económica del todo incluido
República Dominicana consolidó desde los años noventa un modelo turístico de sol y playa basado en el todo incluido, que hasta ha funcionado, pues ofrece certeza de precio, comodidad y seguridad al viajero, y permite a los operadores hoteleros controlar toda la cadena de valor, desde la habitación hasta el entretenimiento nocturno.
Según datos del Ministerio de Turismo, el corredor Punta Cana-Bávaro concentra el 53% del flujo aéreo del país.
Esa geometría tiene una consecuencia directa sobre la distribución del ingreso porque cuando un turista llega a un resort de todo incluido, su interacción con la economía local es mínima.
El colmado de la esquina, el restaurante familiar, el artesano del mercado, el taxista, el guía que conoce los manglares: todos dependen de que el turista salga. Y los datos del Banco Central muestran que cada año, ese turista dispone de menos tiempo para hacerlo.
La estadía promedio cayó de diez noches en el año 2000 a 7.85 en 2025, el valor más bajo en tres décadas de registro. Menos noches significa menos salidas, menos consumo difuso, menos derrame hacia los pequeños negocios del entorno.
El inmobiliario turístico: el gran ganador
Sin embargo, hay un sector que sí captura el valor del modelo en toda su magnitud: el inmobiliario. La apreciación de la planta hotelera de alta gama, que es lo que explica el salto del gasto diario de US$136 en 2019 a US$187 en el primer trimestre de 2026, se traduce directamente en valorización del suelo.
El impacto sobre el mercado inmobiliario es directo y medible. Según Global Property Guide, publicado por El Inmobiliario en mayo de 2026, el eje Punta Cana-Bávaro registra precios residenciales superiores a los de la capital en determinados segmentos: un apartamento de dos habitaciones en esa zona cuesta en promedio US$286,000, frente a US$244,000 en Santo Domingo.
A nivel nacional, el precio promedio del metro cuadrado de apartamentos llegó a US$2,202 en 2025, con una valorización que GPG describe como una década inédita de crecimiento real, impulsada precisamente por el flujo turístico y la inversión extranjera que se concentra en el corredor Este.
La demanda que sostiene esa valorización no es solo local, pues según el Ministerio de Turismo, el crecimiento del mercado europeo, que ronda el 36% en llegadas desde Alemania y del 17% desde Francia y el Reino Unido en el primer trimestre de 2026, alimenta un apetito inversor que lleva años presionando el precio del suelo, al alza, en los corredores consolidados.
Y no es casual: según Global Property Guide, Punta Cana-Bávaro figura, junto a Santo Domingo, como las zonas del país con mayor rentabilidad de alquiler, con rendimientos que en la capital promedian 9.08% y alcanzan 9.77% en apartamentos de dos habitaciones. En un mercado donde las tasas hipotecarias rondan el 12%, esos retornos explican por qué el capital internacional sigue llegando.
La pregunta que las cifras no responden
El turismo dominicano emplea a casi uno de cada cinco trabajadores del país: según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo, el sector generó más de 876,000 empleos en 2024, equivalentes al 17.6% del empleo nacional.
Es el argumento más sólido a favor del modelo. Pero hay una diferencia entre el empleo que genera el sector y el ingreso que retiene quien trabaja en él.
Tras el mayor aumento salarial en la historia del sector hotelero, un 30% aplicado en dos fases entre 2025 y 2026, según el Ministerio de Trabajo, el salario mínimo de un empleado de hotel llega en junio de 2026 a RD$21,840, equivalente a unos US$371 mensuales.
Es decir, el turista que se hospeda en ese hotel gasta en un solo día la mitad de lo que gana en un mes el trabajador que le tiende la cama.
Esa brecha no es nueva, pero el modelo la hace más visible. Cuando más del 70% del gasto del visitante extranjero se queda dentro del resort, en la habitación, el buffet, el bar de la piscina, el incremento del gasto diario del turista no se traduce automáticamente en mejores condiciones para quienes hacen posible esa experiencia.
El contraste es más evidente cuando se compara con el turismo de bajo perfil hotelero que sí derrama hacia afuera: el viajero que alquila un apartamento, come en restaurantes locales, contrata guías independientes y compra en mercados.
Los datos del Banco Central muestran que los dominicanos no residentes, que funcionan con ese perfil de consumo, diversifican significativamente más sus gastos fuera de los hoteles que los turistas internacionales de paquete.
Por los números que genera el sector turístico dominicano es un éxito, pero el modelo aún no ofrece una respuesta clara sobre quién exactamente lo está disfrutando.
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