El gobierno ejecuta RD$47,290 millones y acelera la agenda de inauguraciones, marcando una estrategia de expansión territorial con fuerte presencia presidencial en actos de entrega.
SANTO DOMINGO.– Durante las últimas cuatro a cinco semanas el presidente Abinader agotó agendas diarias que revelaban una actividad frenética de inauguraciones de obras públicas, cuyo objetivo se develó en el acto de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional.
El informe de 85 páginas develó cómo el desarrollo de infraestructura es uno de los ejes centrales del discurso de gestión del presidente Luis Abinader, quien informó ante la Asamblea Nacional que el Ministerio de Obras Públicas ejecutó RD$47,290 millones, “el mayor nivel de inversión de los últimos doce años”.
De acuerdo con los datos presentados, se concluyeron 69 obras por más de RD$33,732 millones, con intervenciones en las 31 provincias y el Distrito Nacional y el Ejecutivo definió el período como una etapa de “descentralización histórica” de la inversión pública.
Movilidad urbana y transporte masivo es uno de los componentes estructurales de esta narrativa: la expansión del sistema de transporte integrado en el Gran Santo Domingo, intervenciones que apuntan a disminuir tiempos de traslado, mejorar productividad y reducir costos logísticos en áreas de alta concentración poblacional.
La Línea 2C del Metro de Santo Domingo, desde el kilómetro 9 de la autopista Duarte hacia Los Alcarrizos, la joya de la corona y una obra inaugurada sin estar finalizada y sin que el Colegio Dominicano de Ingenieros y Arquitectos (CODIA) haya emitido su informe pericial, figura entre las obras emblemáticas, junto con la ampliación del Teleférico de Santo Domingo.
En Santiago, el Presidente refirió la Circunvalación Norte y el sistema integrado de transporte, que buscan reorganizar la movilidad metropolitana y reducir presión sobre el casco urbano.
Infraestructura conectividad y articulación
El mandatario también destacó la culminación de la presa de Montegrande, presentada como obra estratégica para riego agrícola, control de inundaciones y desarrollo económico del sur. Esta obra se inserta en una lógica de infraestructura productiva que conecta agua, agricultura y seguridad alimentaria.
En términos estructurales, este tipo de proyectos amplía el concepto de obra pública más allá del asfalto y la movilidad urbana.
El discurso incluyó intervenciones en corredores estratégicos como la Autopista Duarte, además de carreteras provinciales, puentes y accesos a polos turísticos emergentes como Pedernales y Miches.
La narrativa oficial plantea que estas obras no solo mejoran la conectividad, sino que buscan integrar territorios históricamente rezagados a circuitos productivos y turísticos nacionales.
El énfasis en la región fronteriza y el sur profundo fue reiterado como parte de una estrategia de reducción de brechas regionales.
Intensidad política y desafíos
En las últimas semanas, la agenda presidencial ha incluido hasta tres y cuatro actos de inauguración en un solo día, en distintas provincias. La frecuencia y dispersión geográfica de estas actividades reflejaron, además, una etapa de fuerte activación territorial y comunicacional.
Más allá del volumen de inversión, la dinámica de entregas evidencia una estrategia de visibilización acelerada de resultados, en la que la infraestructura opera como demostración tangible de gestión pública.
Desde una perspectiva macrofiscal, el ritmo de ejecución plantea interrogantes sobre sostenibilidad financiera y mantenimiento de activos a mediano plazo. Sin embargo, el Gobierno enmarca la expansión como parte de una visión de desarrollo regional articulado, donde movilidad, infraestructura hídrica y red vial funcionan como ejes de transformación territorial.
En el contexto de la rendición de cuentas correspondiente al período 2025, la infraestructura no fue presentada únicamente como listado de obras, sino como pilar estratégico de integración nacional y consolidación política.
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