SANTO DOMINGO -. República Dominicana llega a 2026 con un crecimiento económico sostenido, un sector de construcción dinámico y un mercado inmobiliario que continúa expandiéndose en zonas urbanas y turísticas. Sin embargo, ese dinamismo convive con tensiones estructurales que empiezan a pesar en la toma de decisiones de inversionistas y desarrolladores.
El estudio Perspectivas regionales y de negocio 2026 de KPMG identifica dos de ellas como determinantes para el futuro inmediato del país: la capacidad de manejar con equilibrio las finanzas públicas y la dificultad para captar y retener talento calificado. Ambas variables, lejos de ser abstractas, influyen directamente en la viabilidad de proyectos inmobiliarios, obras de infraestructura y nuevas inversiones productivas.
El informe de KPMG revela que el 60% de la Alta Dirección en Centroamérica y República Dominicana considera que atraer inversión nacional y extranjera será el principal reto en 2026, un objetivo que en el caso dominicano se ve condicionado por la presión sobre las finanzas públicas y por la creciente competencia regional por capital humano especializado. Publicado y basado en encuestas realizadas entre octubre y noviembre de 2025, el estudio advierte que estos factores impactan de forma directa la ejecución de proyectos inmobiliarios, el desarrollo de infraestructura y la capacidad del país para sostener nuevos flujos de inversión privada.
Panorama actual
El estudio de KPMG analiza las prioridades empresariales de cara a 2026 a partir de las respuestas de más de 290 altos ejecutivos de la región y sitúa a República Dominicana entre las economías con mayor dinamismo, impulsada principalmente por el turismo, las remesas y la inversión extranjera directa (IED). Estos motores han permitido al país mantener tasas de crecimiento superiores al promedio regional durante la última década, con una expansión económica que superó el 5% en 2024, según cifras del Banco Central de la República Dominicana.
No obstante, el informe introduce una advertencia clave: el crecimiento, por sí solo, no garantiza sostenibilidad. KPMG señala que en República Dominicana “el manejo de las finanzas públicas podría representar un desafío crítico”, debido a que los ingresos fiscales podrían enfrentar limitaciones para acompañar el ritmo de expansión económica. Esta observación resulta relevante para el mercado inmobiliario dominicano, donde la materialización de grandes proyectos depende de estabilidad macroeconómica, regulaciones y de la capacidad del Estado para acompañar la inversión privada con infraestructura, servicios y procesos administrativos eficientes.

El dato que enciende las alertas
Los datos del estudio son contundentes. El 60% de los ejecutivos encuestados identifica la atracción de inversión nacional y extranjera como el principal reto para 2026, mientras que un 42% señala la sostenibilidad de las finanzas públicas como un riesgo relevante para el entorno de negocios. KPMG subraya que la materialización de la inversión dependerá de tres factores clave: estabilidad regulatoria, simplificación burocrática y atracción de talento, una combinación que define el clima real de inversión más allá de los incentivos económicos.
“Para KPMG, atraer inversión exige no solo incentivos, sino disciplina fiscal, reglas claras y capital humano preparado para sostener proyectos de largo plazo”, afirma el estudio.
De la macroeconomía al concreto
El estudio de KPMG es explícito en un punto que para República Dominicana no es coyuntural, sino estructural: el crecimiento económico del país descansa sobre motores dinámicos, pero vulnerables si no se sostienen con disciplina fiscal. El informe identifica al turismo, las remesas y la inversión extranjera directa (IED) como los principales pilares del crecimiento reciente, tres fuentes que han permitido mantener el dinamismo macroeconómico, pero que dependen en gran medida de factores externos y del entorno financiero internacional.
A partir de ahí, KPMG introduce una advertencia clave: el manejo de las finanzas públicas podría convertirse en un desafío crítico, debido a que los ingresos fiscales podrían no crecer al mismo ritmo que las necesidades de inversión en infraestructura, servicios públicos e incentivos productivos.
El problema, subraya el informe, no está en la generación de actividad económica, sino en la capacidad del Estado para acompañar ese crecimiento con ingresos suficientes, previsibles y sostenibles. En ese contexto, República Dominicana se verá obligada a priorizar inversiones estratégicas y a fortalecer la colaboración público-privada para mantener el dinamismo sin comprometer la estabilidad fiscal, una condición que impacta directamente al desarrollo inmobiliario, la infraestructura turística y los grandes proyectos urbanos, donde la sostenibilidad financiera se vuelve un requisito tan determinante como la rentabilidad privada.

El factor humano como cuello de botella
El estudio de KPMG advierte que la atracción de talento es tan determinante como la estabilidad fiscal para que la inversión se materialice. En la encuesta, el 49% de las empresas identifica el entrenamiento y la capacitación como el principal diferenciador para captar y retener personal, seguido de una oferta económica competitiva (47%) y de la formación en inteligencia artificial (39%). Estos datos reflejan que la competencia por el talento en la región se ha intensificado y que las empresas buscan perfiles capaces de operar en entornos cada vez más digitalizados y complejos.
Para el sector inmobiliario y de la construcción en República Dominicana, esta realidad tiene implicaciones directas. La escasez de ingenieros, arquitectos, gestores de proyectos, técnicos especializados y perfiles financieros eleva los costos operativos y limita la capacidad de ejecutar desarrollos de gran escala con eficiencia.
Cuando una economía no logra formar y retener talento, la inversión pierde productividad y se vuelve más dependiente de recursos externos, lo que encarece los procesos y reduce la competitividad frente a otros mercados. KPMG señala que, sin programas sólidos de capacitación y atracción de talento, incluso la inversión tecnológica corre el riesgo de ser ineficiente, un escenario que afecta de forma directa a sectores intensivos en capital como la construcción y el desarrollo inmobiliario.
Perspectivas para el año
Las perspectivas planteadas por KPMG para 2026 dejan un mensaje claro para República Dominicana: el crecimiento económico no basta para garantizar la llegada sostenida de inversión. Sin una gestión fiscal equilibrada, sin avances reales en la simplificación administrativa y sin una estrategia clara para formar y retener talento, la atracción de capital seguirá enfrentando límites estructurales. Para el sector construcción y el desarrollo urbano, el desafío no es menor: el futuro de los proyectos dependerá tanto de su rentabilidad privada como de la capacidad institucional del país para ofrecer estabilidad fiscal y capital humano competitivo.
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