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De socios a enemigos: La trampa de «cocrearlo» todo sin bases

Todo comienza con entusiasmo. Dos agentes inmobiliarios en un café, o tal vez en una noche de copas, descubren que comparten la misma frustración con sus empresas actuales. La conversación fluye: «¿Y si lo hacemos nosotros?» «Tenemos los contactos.» «Conocemos el mercado.» «Juntos somos imparables».

En cuestión de semanas, ya tienen nombre, logo y tarjetas de presentación. Se lanzan. Se independizan. Se convierten en socios.

Lo que no tienen son las conversaciones incómodas. Tampoco un contrato que contemple más allá del reparto de ganancias. Mucho menos han hablado de qué pasa si uno se enferma, si surgen desacuerdos irreconciliables, o si la pasión inicial se diluye en la realidad operativa del día a día. En muchos casos, ni siquiera han constituido formalmente la empresa. Operan en la informalidad, sin RNC, sin documentación legal, confiando únicamente en el apretón de manos y en la buena fe.

Con suerte, dieciocho meses después, ya no se hablan. O peor: están atrapados en una guerra legal que consume más energía que la que alguna vez pusieron en crear juntos.

¿Te suena familiar?

Los elementos que nadie quiere discutir (hasta que es tarde)

Formar una sociedad no es un acto de fe. Es un acto de responsabilidad. Y la responsabilidad comienza con un contrato blindado que proteja a todas las partes, no solo en los escenarios ideales, sino en los que preferimos no imaginar.

Hablemos de lo que casi nadie considera: la vulnerabilidad humana. 

Cuando emprendemos, solemos vernos invencibles. Pero todos somos humanos, y no hay nada más vulnerable que la mente cuando está bajo presión constante. Un socio puede atravesar ansiedad, estrés crónico, burnout devastador o parálisis por sobresaturación. Otros pueden enfrentar diagnósticos más complejos: TDAH, trastorno bipolar, depresión mayor.

Y aquí viene lo que pocos se atreven a poner por escrito: ¿qué pasa cuando uno de los socios ya no puede sostenerse? 

No lo digo con juicio. Lo digo desde la humanidad, desde la empatía, desde la compasión y desde la experiencia. Pero un contrato debe contemplar que, si esto ocurre, la otra parte pueda tomar el control absoluto de manera temporal mientras la persona afectada transita su proceso de recuperación. No hay nada más peligroso para un negocio que alguien tomando decisiones cuando ni siquiera puede cuidar de sí mismo. Acompañar no significa permitir que todo se hunda. Significa sostener el barco mientras el otro se recupera.

Otro escenario crítico: el entorpecimiento de procesos. A veces, una de las partes comienza a sabotear—consciente o inconscientemente—las operaciones. Retrasos inexplicables, decisiones inconsistentes, falta de seguimiento. ¿Está contemplado en el contrato cómo actuar ante esto? ¿Hay cláusulas de desempeño? ¿Mecanismos de evaluación mutua?

La claridad de los roles: quién hace qué (y por qué importa)

Muchas sociedades fracasan porque operan desde la ilusión de que «todos hacemos todo». Error. Eso no es colaboración, es caos.

Definir roles desde el inicio no es desconfianza, es inteligencia operativa. ¿Quién lidera ventas? ¿Quién se encarga de la administración? ¿Quién toma decisiones financieras? ¿Cómo se resuelven los empates?

Y aquí entra algo que destruye más sociedades de lo que creemos: el ego. 

No se trata de lo que mi socio hace versus lo que yo hago. No es una competencia de quién brilla más o quién aporta más visibilidad. Se trata de lo que hacemos juntos por el bien de la empresa. La marca debe brillar, no los egos individuales. Cuando uno de los dos empieza a medir su valor por cuánto protagonismo tiene, la sociedad ya está fracturada.

Los básicos que no son negociables

Antes de soñar con la oficina ideal, asegúrate de tener lo mínimo indispensable:

1. Legalización de la empresa: No es opcional. Es obligatorio.

2. RNC (Registro Nacional de Contribuyentes): Sin esto, no existes formalmente.

3. Cuenta empresarial separada: Mezclar finanzas personales con las del negocio es una receta para el desastre.

4. Espacio de trabajo regularizado: Está bien empezar desde una sala, pero no está bien operar sin formalizar dónde y cómo trabajas.

Empezar pequeño no es el problema. Empezar sin bases legales y operativas, sí.

Elementos no negociables a la hora de instaurar una sociedad

Si vas a dar el salto de convertirte en socio de alguien, asegúrate de que el contrato contemple:

1. Salidas estratégicas: ¿Cómo se disuelve la sociedad si es necesario?

2. Cláusulas de salud y bienestar: ¿Qué pasa si uno de los socios no puede continuar temporalmente?

3. Mecanismos de resolución de conflictos: Mediación, arbitraje, terceros imparciales.

4. Definición clara de roles y responsabilidades.

5. Protocolos ante bajo rendimiento o sabotaje.

6. Distribución de ganancias y de pérdidas.

7. Toma de decisiones: ¿Quién tiene la última palabra y en qué casos?

El cierre que duele (pero que salva)

Asociarse desde la emoción es humano. Asociarse sin estructura es irresponsable.

La diferencia entre una sociedad que prospera y una que implosiona no está en qué tan bien se llevan los socios al inicio. Está en qué tan preparados están para los momentos en que ya no se lleven bien, o en que la vida los ponga a prueba de maneras que nunca imaginaron.

Blindar una sociedad no es falta de confianza. Es madurez empresarial. Es cuidar lo que están construyendo. Es proteger no solo el negocio, sino también la relación humana que alguna vez los unió.

Porque la verdad incómoda es esta: las buenas intenciones nunca han sido suficientes para sostener una empresa. Y el entusiasmo, por sí solo, no paga las cuentas ni resuelve los conflictos.

Si vas a cocrearlo todo, que al menos sea sobre bases sólidas.

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El contenido y las opiniones aquí expuestas corresponden únicamente a su autor. Inmobiliario.do no asume responsabilidad por dichas afirmaciones ni las considera vinculantes a su visión editorial.
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Raquel Salas
Raquel Salas
Relacionista pública de los desarrollos Mystiq, CEO y fundadora de Reenfoque Positivo y Equilibrio Inmobiliario, directora Grupo de Medios RP, coach integrativa certificada por John Maxwell Leadership, autora de «Antes de Decir que Sí» y «Tiempo para Mí».
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