Quiere un colegio bilingüe, pero también un entorno que permita movilidad segura, acceso a actividades y le preocupa la disponibilidad de centros médicos serios.
SANTO DOMINGO. – Es sábado por la mañana, mientras espera el tren que la llevará a calle 42 en Mahanttan, Brenda sacó su libreta y buscó las anotaciones. “Escuela para los muchachos y clínicas buenas que queden cerca. Allá los hospitales son un lío”. La brisa fría de otoño le rozaba el cuello y, sus hijos retozaban a unos pasos, ajenos al torbellino de dudas que la acompañan desde hace meses. Sintió el peso real de su decisión de volver.
Pensó en su vida en Nueva Jersey, en la seguridad de sus rutinas, y en la certeza de que quería cerrar este capítulo para comenzar otro, tranquila en Santo Domingo. Pero también pensó en ellos: en su educación, en la salud, en si encontraría un barrio donde pudiera darles la estabilidad que aquí ya tenían.
Ese contraste, entre el aire helado del andén y la idea cálida del regreso, fue el punto exacto donde empezó a preguntarse, con algo más de claridad, en qué parte de la capital podría reconstruir su vida.
Brenda piensa en retirarse en Santo Domingo e imagina una vida más cálida y manejable que la que hoy lleva entre New Jersey y Manhattan. Pero también sabe que su retorno no es solo su regreso: tiene dos hijos adolescentes que necesitarán un colegio bilingüe y una hija universitaria que probablemente vuelva al país después de graduarse.
Esa ecuación: familia, servicios, presupuesto y expectativas es la que, a partir de ahora, comienza a definir dónde podría establecerse.
Como muchas dominicanas que han hecho su vida en Nueva Jersey, Brenda no busca lujo desmedido ni torres deslumbrantes. Busca, más bien, una zona de clase media-alta, con acceso razonable a colegios, clínicas, comercios y transporte, sin entrar en los precios del polígono de clase alta como Naco, Piantini o La Esperilla. Prefiere comprar algo bien ubicado, pero sostenible para su vida de retiro.
Las dudas de una madre que vuelve
Para Brenda, la elección del sector está directamente asociada a la educación de sus hijos. Quiere un colegio bilingüe, pero también un entorno que permita movilidad segura y acceso a actividades. Y por otra parte, le preocupa la disponibilidad de centros médicos serios, ya que después de tantos años viviendo en un país donde cada distrito tiene su “urgent care” a diez minutos, teme no tener la misma facilidad.
Con ese mapa mental, empezó a explorar, a preguntar por zonas que combinan buenas escuelas, clínicas confiables y precios más aterrizados. Lo que encontró fue un abanico más amplio del que imaginaba, de lugares donde encajar.
Los Prados
Es uno de los barrios de clase media-alta más tradicionales de la capital. Mezcla torres familiares moderadas con casas adaptadas a la ciudad. Está cerca de varios colegios bilingües, supermercados y clínicas privadas. Su ambiente residencial lo convierte en una apuesta segura para quienes buscan estabilidad sin exhibicionismo inmobiliario.
La Castellana
Similar en espíritu a Los Prados, pero con un tejido urbano más tranquilo. Familias profesionales, calles menos congestionadas y un mercado inmobiliario que ofrece proyectos modernos sin llegar a valores prohibitivos. Para Brenda, sería un espacio donde sus hijos pueden moverse con relativa calma.
El Millón
Un barrio robusto de clase media-alta, con oferta amplia de apartamentos, servicios, cafeterías, gimnasios y zonas de convivencia. Tiene acceso directo a vías principales y está relativamente cerca de colegios bilingües, lo cual lo vuelve práctico para una madre que aún cumple rutinas escolares.
Evaristo Morales
Un sector muy demandado por profesionales y familias jóvenes. Es céntrico, caminable, con torres modernas, y su mercado inmobiliario todavía permite adquirir propiedades en precios flexibles. La cercanía a centros médicos privados es uno de sus puntos fuertes.
Bella Vista
Es uno de los barrios que mejor equilibra costo, servicios y calidad de vida. Tiene parques, comercios, accesos amplios y proyectos variados. Aunque algunos tramos se han encarecido, mantiene un segmento claro para familias de clase media-alta. Para Brenda, sería una ubicación estratégica: sus hijos estarían cerca de colegios reconocidos y ella tendría clínicas privadas, supermercados y áreas verdes a minutos.
Serrallés (zonas media-alta)
Aunque tiene calles con precios más altos, todavía ofrece proyectos que encajan en un presupuesto medio-alto. Está próximo a centros comerciales, a universidades y a clínicas privadas, lo que lo vuelve atractivo si su hija mayor regresa al país buscando oportunidades.
Renacimiento
Un barrio más sereno, dominado por residencias y torres bajas. Su perfil familiar y su cercanía a servicios de salud y ocio lo hacen una opción para quienes buscan espacio, calma y seguridad.
Los dos filtros determinantes
Una vez identificadas las zonas apropiadas, Brenda debe mirar dos aspectos sin concesiones:
1. Colegios bilingües
Los sectores mencionados quedan relativamente cerca de instituciones como Carol Morgan School, St. Patrick, Ashton, Babeque Internacional, New Horizons, Lux Mundi y otros centros privados con programas bilingües o internacionales. No todos están en los mismos rangos de precio, lo que también permite a Brenda ajustar la ecuación educativa sin moverse a barrios de clase alta.
2. Centros médicos de calidad
Desde estos barrios, Brenda está a pocos minutos de clínicas reconocidas como Hospiten, Abel González, UCE, Corazones Unidos, Moderno, Real y centros especializados en pediatría, cardiología y medicina preventiva. Para una familia que ha vivido años con atención médica accesible en EE.UU., esta cercanía es un punto crucial.
La mirada práctica de quien ha vivido fuera
Brenda sabe que regresar no es solo comprar un apartamento: es reconstruir la vida cotidiana. El barrio que escoja deberá permitir que sus hijos estudien sin largos trayectos, que ella pueda recibir atención médica sin sobresaltos y que la rutina familiar, tras décadas en Nueva Jersey, se adapte con suavidad al ritmo de Santo Domingo.
Entre Los Prados, La Castellana, El Millón, Evaristo Morales, Bella Vista, Serrallés y Renacimiento, existe una franja de clase media-alta donde puede encontrar exactamente ese equilibrio: viviendas bien ubicadas, precios razonables dentro de su rango, servicios de calidad y un estilo de vida que no se sienta ni excesivo ni limitado.
Esa es, quizás, la verdadera decisión que ahora enfrenta: elegir no solo una zona, sino la versión de Santo Domingo donde quiere escribir su nueva etapa.


