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Así es la nueva geografía de la inversión inmobiliaria turística más allá de Punta Cana

SANTO DOMINGO -. Si durante años la inversión inmobiliaria turística en República Dominicana se explicó casi por completo desde Punta Cana, en 2026 el mapa empieza a abrirse. No porque el Este haya perdido fuerza —todo lo contrario—, sino porque el crecimiento del turismo, la expansión de la hotelería y el movimiento de cruceros están empujando nuevas zonas a escena. Hoy, el capital ya no mira solo la playa más conocida, sino dónde están llegando los turistas, cómo se alojan y qué tipo de ciudad turística se está formando alrededor.

Los datos confirman ese cambio. Los reportes diarios del Sistema de Inteligencia Turística (SITUR) muestran que la demanda no se concentra únicamente en hoteles tradicionales. En el corte del 8 de enero de 2026, por ejemplo, se registraron 18,236 turistas alojados en hoteles, 5,836 en alojamientos particulares y 2,747 vía plataformas como Airbnb, una señal clara de que el residencial turístico y la renta corta ya forman parte estructural del ecosistema. Ese comportamiento es el que empieza a mover el tablero inmobiliario fuera del eje clásico del Este.

Destinos que están redefiniendo el mapa inmobiliario turístico

Costa Norte: Punta Bergantín y el regreso de la escala

En el Norte del país, el proyecto Punta Bergantín se ha convertido en el principal termómetro del cambio. A inicios de 2026, los movimientos de tierra y obras de infraestructura anuncian el arranque de una nueva fase de desarrollo turístico–inmobiliario. El plan maestro contempla alrededor de 4,000 habitaciones hoteleras, de las cuales más de 1,800 ya han sido confirmadas públicamente, según información del propio sector.

La diferencia frente a modelos anteriores está en la mezcla. No se trata solo de hoteles, sino de hotelería integrada con producto residencial. Entre los proyectos anunciados figuran un hotel Meliá Hotels International de 300 habitaciones, un condohotel de 100 apartamentos, además de la confirmación del Westin Puerto Plata, con 450 habitaciones. En conjunto, estos desarrollos superan los US$70 millones en inversión estimada, una cifra que explica por qué el Norte vuelve a entrar en el radar del real estate turístico.

Suroeste: Pedernales y la lógica de anticipación

Más al sur, Pedernales se mueve con otra velocidad, pero con señales claras. El desarrollo turístico de Cabo Rojo aún no compite en volumen con los grandes polos, pero en 2026 ya empieza a jugar en el circuito regional. Su inclusión en la agenda de cruceros y el avance de la infraestructura pública han convertido al destino en un territorio de inversión por anticipación, donde el interés inmobiliario se concentra en suelo, vivienda de soporte, comercio turístico y proyectos de baja densidad.

Aquí, el atractivo no está en la ocupación inmediata, sino en el momento del ciclo: entrar antes de que la hotelería alcance masa crítica y el mercado residencial se encarezca.

Noreste: Samaná y el producto de mayor valor

En el noreste, Samaná refuerza su posición como destino diferenciado. Su fortaleza no está en grandes volúmenes, sino en el tipo de visitante y en el producto que demanda. La entrada recurrente de cruceros en temporadas altas y el posicionamiento del destino como experiencia de naturaleza y baja densidad sostienen un mercado atractivo para villas turísticas, residencias premium y proyectos boutique, donde el valor se construye más por exclusividad que por escala.

Cruceros: el flujo que conecta destinos y activa el inmobiliario

Más allá de cada destino, el factor que está cosiendo esta nueva geografía es el turismo de cruceros. En enero de 2026, la Autoridad Portuaria Dominicana reportó 120 cruceros programados, incluyendo la primera visita del Star Seeker al puerto de Taíno Bay, en Puerto Plata. Un mes después, para febrero de 2026, la agenda supera los 100 cruceros, con escalas distribuidas entre Amber Cove, Taíno Bay, La Romana, Samaná y Cabo Rojo.

Este movimiento no solo genera excursiones de un día, además crea micro-mercados inmobiliarios. Esto significa demanda de apartamentos para renta corta, revalorización de zonas cercanas a puertos, servicios complementarios y pequeños desarrollos de uso mixto que capturan el gasto del visitante que llega por horas… y vuelve por días. En términos de inversión, el crucero actúa como puerta de entrada al destino, y el residencial turístico como la segunda jugada.

Un mapa que ya no se explica desde un solo punto

En 2026, la inversión inmobiliaria turística dominicana no se está desplazando “fuera” de Punta Cana, sino expandiéndose alrededor de ella. El Norte gana peso con proyectos integrales, el Suroeste se abre como apuesta temprana y el Noreste consolida un producto de mayor valor. Todo esto ocurre mientras los cruceros redistribuyen el flujo y la demanda se fragmenta entre hotelería tradicional, condohoteles y renta corta.

Ese es el cambio de fondo: el turismo ya no empuja un solo destino, sino una red de territorios, y el real estate empieza a seguir ese trazo con proyectos que mezclan alojamiento, residencia y ciudad turística. En ese cruce —más que en la playa icónica— es donde se está dibujando la nueva geografía de la inversión.

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Juan David Botero Salcedo
Juan David Botero Salcedo
Periodista y editor con más de siete años de experiencia en comunicación estratégica y producción de contenidos para medios especializados en negocios, economía y cultura. Ha liderado proyectos editoriales en Colombia y República Dominicana y ha colaborado en iniciativas de contenido empresarial y sostenibilidad. Pensamiento crítico, claridad editorial y creatividad son su base.
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