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Ese momento de satisfacción y paz mental que se experimenta al terminar de fregar los platos y ver el fregadero limpio no siempre resulta tan pleno cuando la cal empieza a depositarse y a apagar el brillo metálico del acero.

En las zonas con aguas más duras es algo que sucede en poco tiempo. Paradójicamente, las manchas de cal son una suciedad causada por la limpieza, pues es la cal disuelta en el agua de lavado la que, al evaporarse ésta, se queda adherida a las superficies formando manchas o, incluso, una pátina de color blanquecino que cubre toda la superficie que ha sido mojada con esa agua.

La acción de la cal no es algo que se deba despreciar, pues aunque en superficies sus efectos no deseados son solo estéticos, en electrodomésticos como lavadoras, lavavajillas o cafeteras puede depositarse sobre las resistencias o sobre las paredes interiores de los conductos por los que circula el agua en su interior comprometiendo su funcionamiento y acortando su vida útil.

Por supuesto, los electrodomésticos cuentan con medidas para prevenir esto. En el mercado se venden productos descalcificadores específicos para el mantenimiento de estos aparatos en zonas de aguas duras. En el caso de las superficies, también existen numerosos limpiadores antical que evitan la aparición de esas antiestéticas eflorescencias que tapan el brillo natural de objetos como azulejos, fregaderos o grifos. En el caso de los de acero, aparte de acabar con el brillo, se pueden apreciar incluso manchas blancas de cal incrustada.

Por suerte, estas manchas y esta pérdida de brillo son reversibles y existen maneras sencillas de recuperar todo su esplendor sin necesidad de gastar más dinero en productos de limpieza. Hoy vamos a ver cómo conseguir que las superficies de acero inoxidable como ollas, sartenes, grifos o fregaderos, que son las más susceptibles de presentar estas manchas por ser las que más contacto tienen a diario con el agua.

La cal se limpia con ácido

Aprender a utilizar los distintos productos de limpieza es como volver a una clase de química de la ESO y, para limpiar la cal, nos viene que ni pintado recordar aquello de los ácidos y las bases. Las bases son las sustancias alcalinas.

Cuando tenemos una mancha alcalina, como es el caso de la cal, no nos va a servir un limpiador que sea también alcalino (el bicarbonato o los quitagrasas lo son) o, al menos, no nos va a servir de forma eficiente, pues tendremos que frotar prácticamente lo mismo que si no usáramos.

Para una mancha básica (alcalina) como la que nos ocupa, lo que nos ayuda es un ácido que pueda reaccionar con ella «aflojándola» de la superficie, para que la podamos retirar sin mucho esfuerzo. Qué quiere decir esto, que las manchas de cal se limpian bien con vinagre, zumo de limón o, incluso, con kétchup se podría limpiar una mancha de este tipo (otra cosa es que los pigmentos del tomate puedan dejar otras manchas de color rojizo y por eso no es normal usar kétchup para limpiar superficies, a no ser que sean de cobre).

Mezclar un ácido con bicarbonato, tampoco nos ayudará mucho, aunque por la efervescencia nos parezca que sí, lo que en realidad sucede es que el bicarbonato reaccionará con el ácido, dando como resultado una sal neutra que no le hará nada a la mancha.

Usar solo bicarbonato es una manera muy eficaz de limpiar la grasa de las superficies, así que si queremos utilizar estos productos para limpiar la cocina, serán más eficientes si se utilizan por separado.

Así pues veamos cómo llevar a cabo una limpieza del fregadero y de los grifos de manera ultrasencilla.

Es algo muy sencillo de hacer. Puedes usar solo vinagre o solo zumo de limón, pero lo mejor es utilizar una mezcla de los dos, porque el vinagre es mucho más barato, pero añadir un poco de zumo de limón deja un olor agradable.

Así pues, vas a necesitar:

  • Vinagre blanco o de limpieza, 1/2 vaso
  • Agua templada, 1/2 vaso
  • Zumo de 1 limón
  • Botella de mínimo 250 ml con pulverizador

Paso 1: Mezclamos todos los ingredientes en la botella y pulverizamos la mezcla sobre toda la superficie del fregadero y del grifo, asegurándonos de que el producto llega a todos los rincones e insistiendo en las zonas en las que haya manchas visibles.

Paso 2: Dejamos actuar durante 15 minutos.

Paso 3: Pasado este tiempo, la suciedad se habrá ablandado bastante y podemos proceder a frotar con un cepillo. Para estas cosas funcionan bien los cepillos de uñas, que resultan algo más cómodos que los cepillos con mango.

Paso 4: Una vez retiradas las manchas, frotamos todo con un estropajo con unas gotas de jabón hasta que haga espuma.

Paso 5: Finalmente, enjuagamos bien y secamos todo frotando con un paño seco que no suelte pelusas.

Fuente: https://www.elespanol.com/