Por Bienvenido Paulino
Especial para El Inmobiliario
Cumplo 40 años de aquel 1.º de febrero de 1986 cuando comenzó un camino que jamás imaginé tan largo, tan retador y tan satisfactorio.
He sido testigo de la transformación total de nuestro sector: de las tarjetas manuscritas y los anuncios en periódicos, a la era digital; de lo análogo a lo tecnológico; de esperar al cliente en la oficina, a ir a su encuentro con herramientas que antes ni soñábamos.
He tenido el privilegio de crecer junto al sector, de aportar desde la Asociación de Agentes y Empresas Inmobiliarias (AEI) y Asociación de Constructores y Promotores de Viviendas (Acoprovi) siendo unos de sus socios fundadores donde en ambas he servido desde distintas directivas,muchas veces como tesorero y de comprobar que la confianza se gana con hechos, coherencia y responsabilidad.
No es casualidad que, después de tantos años, sigamos aquí solo unos pocos de aquella primera generación:mantenerse vigente es una decisión diaria.
Mi paso por Inmobiliaria CHT,luego por Inmobiliaria Venta Directa que ahora es Inmobiliaria Plusval Venta Directa hasta ser parte del equipo directivo y socio de lo que hoy es Plusval Dominicana, ha sido un recorrido de aprendizaje constante, adaptación y, sobre todo, propósito. He visto cómo nuestro trabajo transforma la vida de los clientes, pero también cómo el tiempo separa a quienes improvisan de quienes construyen.
Nada de esto habría sido posible sin el apoyo incondicional de mi esposa Veronica,de mis hijos Urania,Mariel y Ramón,quienes comprendieron y comprenden las exigencias de este ejercicio profesional, los horarios,las ausencias y los sacrificios silenciosos. Su respaldo, paciencia y amor han sido el cimiento que me permitió sostener este camino por tantos años y hacerlo de manera exitosa.
Hoy puedo decir con orgullo que quien siembra con honestidad, cosecha con paz. La transparencia paga. La ética sostiene. Y el trabajo bien hecho, aunque tome tiempo, siempre encuentra su recompensa.
Me siento profundamente agradecido, entusiasmado y satisfecho del legado construido. Porque más allá de cargos, marcas o etapas, lo que permanece es el nombre, la reputación y la huella que dejamos en las personas, en la familia y en el sector.
A mis colegas inmobiliarios les digo: este es un oficio de largo aliento.No se trata de modas, ni de atajos, ni de resultados inmediatos. Se trata de resistir, adaptarse y mantenerse fiel a los valores, incluso cuando nadie está mirando.
El mercado cambia, la tecnología avanza y los ciclos van y vienen, pero la ética, la transparencia y la coherencia nunca pasan de moda. Quienes entienden eso no solo venden propiedades: construyen confianza, reputación y futuro.
Sigan sembrando con integridad, aun cuando el fruto tarde.Porque al final, no son los años los que cuentan, sino cómo se vivieron y con qué principios se trabajaron.
Nos seguimos encontrando en el camino…Los que creen en este oficio, los que honran su palabra y los que saben que el verdadero éxito es permanecer con dignidad.
Seguimos con la misma pasión del primer día, pero con la sabiduría que solo dan los años bien vividos.


